De ladronzuelo a supuesto activista pro Derechos Humanos.

El Aaiún, 16/12/2016 - El Confidencial Saharaui.

OPINIÓN.


Por Zäur Brahim. Traducción: ECS.


Hamada ‘Sarrag’. Habitual contertulio de la TV Erheiba.

Desde el perverso discurso de Hassan II, en 1989, cualquier cánido que lleve una correa alrededor del cuello, puede conseguir los huesos que desee, con tan sólo ir a Marruecos. Eso sí, se le exige que se presente como un ‘arrepentido’, dispuesto a purgar sus pecados, con la ‘intención de volver a la indulgente y misericordiosa patria’.

Hammada, el ladronzuelo, que Marruecos vende como defensor de los derechos humanos en Sáhara ocupado
Desde aquella fecha, Marruecos, viene sumando elementos de esta engañosa categoría, para añadirlos a la imagen sarcástica que no ha cambiado desde la aventura de la ocupación del Sáhara Occidental, construida sobre la base de mentiras y falacias.

En estos meses, Hammada es el último florero que Marruecos presenta como activista de derechos humanos.

Pero quién es Hammada, sino aquel ladrón armado con las habilidades que ha aprendido en la práctica del fraude y el robo.

Hammada Moulud cursó sus estudios de primaria y segundaria en las escuelas saharauis, para luego ser enviado a Cuba, en agosto de 1988. Pero a pesar del rigor con el que las autoridades educativas cubanas llevan el tema de la enseñanza y la instrucción de los alumnos, Hammada, se fue por un camino torcido. Aun así, consiguió iniciar sus estudios de Derecho.

Una vez en la universidad, haciéndose pasar por el encargado del economato y con ayuda de una tarjeta falsificada consiguió adquirir un cargamento de carne de pollo, a nombre de la universidad. Cuando estaba a punto de venderlo en una aldea cercana, la policía cubana lo detiene con las manos en la masa.

Después de la oportuna investigación policial, las autoridades cubanas informaron a las autoridades saharauis sobre la expulsión de un alumno de segundo de Derecho. Aquello fue en el año 1998 y el alumno expulsado era Hammada Moulud Sidahmed.

En el año 2004, Hammada engaña a una empresa española de petroleo que operaba en Libia. Aprovechando sus conocimientos del castellano y la confianza depositada en él, por parte de la empresa, les robó cuarenta mil euros.

Para transferir esa cantidad robada en Libia, engañó a un viejo amigo suyo, un inmigrante saharaui en España y ex compañero en Cuba. Le convenció para que le facilitara el número de cuenta a fin de hacer unos ingresos, de los que una parte serían para el pobre amigo. Y al intentar, dicho amigo, retirar el dinero, el banco le informa que la cuenta está bloqueada y que tiene que ir a la policía para aclarar la cuestión. Ante el temor de que la cosa pueda llegar a mayores, el pobre amigo, se ve obligado a abandonar definitivamente España.

Conocedor de las entonces porosas fronteras libio argelinas, consiguió zafarse y ponerse a salvo en Argelia.

Una vez en Argelia, volvió a las andadas y, nuevamente, consigue engañar a una empresa argelina dedicada a la venta de vehículos todo terreno. Y es detenido, después de haber vendido tres coches todo terreno, en el mercado negro de Mauritania.

En la vecina Mauritania, también, ha dejado huellas. Ahí la policía lo tiene fichado por sus trapicheos en mercado negro del tabaco y por haber estafado a varios hombres que se dedicaban al cambio de divisas.

El oscuro pasado de este hombre lleva, inevitablemente a la pregunta de cómo espera, Marruecos, que su propaganda le dé frutos, justamente, ahí donde nació y creció Hammada y donde es, de sobra, conocida su propensión a delinquir.

Cuesta trabajo comprender la enorme torpeza de los servicios de espionaje marroquíes al intentar vender gato por liebre a los saharauis. O sea, al intentar presentarles, ora en Ginebra, ora en Nueva York y siempre en la TV de ''Erhaiba'', al ladronzuelo Hammada Moulud Sidahmed, como activista de derechos humanos y experto en no se sabe qué cosa del noroeste de África. Bueno, en realidad, antes de engañar a los saharauis, El Majzén, consigue engañar y entretener a su propia opinión pública interna que es la única que debe creerse eso de activista.

En Marruecos, le han cambiado el nombre. En lugar de llamarse Hammada Moulud Sidahmed, como ha sido conocido toda su vida, ahora lo llaman Hamada Leboihi. Pero los saharauis lo conocen, más bien como Hammda ‘Sarrag’, o sea, Hammada el ladrón.

Finalmente, y antes de que Hammada se readapte a su sitio natural, junto a millones de ladrones marroquíes, aquí va el aviso: tened cuidado con él, es un ladrón.