La invasión del Sáhara Occidental fue motivada por la paranoia de Hasan II.

Madrid, 25 marzo de 2019. -(El Confidencial Saharaui)

Por Mohame Embarec Mahmud/El correo diplomático saharaui.



En Marzo del 1973, Hasán II tuvo que afrontar un movimiento armado de la oposición marroquí, el Movimiento 23 de Marzo. Acusó a Argelia de estar detrás de esta insurrección armada.

Dos meses después, el 20 de Mayo, nace el Frente Polisario con la primera operación militar contra el colonialismo español. Para el Rey de Marruecos, se trata de otra conspiración argelina. Dominado por la paranoia, se vió rodeado de países socialistas hostiles que combatirían a su régimen.

En Julio del mismo año, se reúne con Mojtar Uld Dadah y Houari Bumedién. « El Sáhara debe ser marroquí, sino debe seguir siendo español, pero no será nunca argelino ni independiente », les dice según un documento revelado por Wikileaks el 8 de Abril del 2013.

Empujado por la paranoia y alentado por Francia, Hasán II decide invadir el territorio del Sáhara Occidental cuando España, bajo presión de la ONU, se disponía a celebrar el referéndum en 1975. Esa paranoia seguirá acompañando a Hasán II hasta la tumba y es la razón por la que el sueño del Magreb Unido fue enterrado hasta hoy : en 1994, imputó a Argelia la responsabilidad del atentado terrorista contra el Hotel Hasni de Marrakech. Las autoridades argelinas decidieron, entonces, cerrar sus fronteras del Oeste y dejar el proyecto de la unión magrebí en modo de espera.

Por lo tanto, la pretendida « integridad territorial » nunca fue la razón de Marruecos para reivindicar el Sáhara Occidental. Siempre ha sido una cuestión de pura geopolítica.

Ante esta verdad, se evapora la denominada « sensibilidad » de los marroquíes hacia la cuestión del Sáhara. Si realmente fueran sensibles a la cuestión territorial no permitirían que España siguiera en Ceuta y Melilla, ni tolerarían la independencia de Mauritania ni la pertenencia de Tinduf y Bechar a Argelia.

Es más, la humillación de Marruecos por España en el incidente del peñón de Perejil, demuestra que la « sensibilidad » de la que los marroquíes hablan no es más que un argumento para defender lo indefendible y un producto más para el consumo interno.

En realidad, el rey de Marruecos fue víctima de sus pésimos cálculos. Su mayor error fue el subestimar la capacidad de resistencia de los saharauis. Pensó que la « pacificación » del Sáhara no sería màs que un « ejercicio muscular de dos semanas para el ejército marroquí », según sus declaraciones durante la Marcha Verde. Ese ejercicio se convirtió en un conflicto que dura ya 43 años.

Por ello, la ONU, consciente de que la voluntad del pueblo saharaui es inquebrantable, se apega a la legalidad promoviendo el derecho a la autodeterminación como única solución al contencioso que opone Marruecos y la RASD.