La huida del pueblo saharaui: la tragedia humanitaria más desconocida.

Madrid, 17 de febrero de 2019. -(El Confidencial Saharaui).

Por Mariam Jawda Mouloud/ECS.

Actualizado


En un colegio saharaui/agencias 


Algo importante ha ocurrido el pasado 5 de diciembre de 2018 en Ginebra. Los representantes del Reino de Marruecos se sentaron junto a sus homólogos del Frente Polisario para intentar encontrar una solución a uno de los conflictos de mayor duración y a la tragedia humanitaria más desapercibida del mundo: el conflicto de décadas sobre el Sáhara Occidental y el destino de los miles de personas saharauis que huyeron de la invasión marroquí a mediados de los años setenta.

Durante más de 40 años, miles de saharauis, los auténticos habitante de este territorio en disputa rico en minerales, viven como refugiados en Argelia. Para hacernos idea, hay miles de adultos de mediana edad que han vivido toda su vida en el exilio sin haber conocido nunca su tierra auténtica.

Se desconoce el número exacto de los saharauis refugiados, pero los últimos informes de ACNUR estiman que la población sea de unos 170.000 habitantes.

A pesar de las negociaciones actuales, parece que hay muy poca esperanza de volver a su territorio ahora, tras 43 años en el exilio desde que Marrurecos cruzó sus fronteras y ocupó el territorio.

Y esto no es una situación creada por la gente saharaui. Y es que durante la Marcha Verde de 1975, o la invasión, por llamarla de otra manera, la administración de Rabat invadió literalmente su tierra.

Tras la retirada de España, Marruecos aprovechó para organizar una marcha de más de 350.000 civiles marroquíes, escoltados por 20 mil soldados, para adentrarse en el Sáhara Occidental. Lo que desencadenó en el desplazamiento de miles de civiles saharauis y en un conflicto militar que asolaría la región durante los siguientes próximos 16 años.

La paz, negociada en 1991, no trajo consigo más victorias para el pueblo saharaui que la de una indiferencia global y absentismo de su lucha en la conciencia pública.

El movimiento por la liberación del Sáhara Occidental, el Frente Polisario, que nació bajo la ocupación española, ahora lidera la proclamada República Árabe Saharaui Democrática en el exilio, en los campamentos de refugiados de Tinduf.

Con una fuerza militar respaldada por el archirrival de Marruecos, Argelia, el Polisario se ha convertido en una espina para el Reino alauita, con la amenaza siempre presente de volver a retomar las armas

Perdidos del panorama internacional, el tiempo y el anonimato han hecho mella en la población saharaui de los campamentos de refugiados. Las condiciones de vida son realmente desesperantes. La tierra es seca y el poco ganado que tienen apenas alcanza para pastar la maleza del desierto.

El Programa Mundial de Alimentos estima que alrededor del 77% de la alimentación de los refugiados proviene de las donaciones internacionales. En abril pasado, Crisis Group informó que los ingresos de las donaciones había disminuido de diez millones de dólares para quedar en siete en los últimos años. Apenas hay oportunidades de empleo. Y, ante la falta de empleo, el aburrimiento, la delincuencia y la amenaza de radicalización acechan los jóvenes saharauis.

Mientras, al otro lado del muro, en las zonas ocupadas del Sáhara Occidental, ongs como Amnraistía Internacional han denunciado uso desmesurado de tortura, juicios injustos y detenciones arbitrarias.

Por su parte, Marruecos acusa al Polisario de retener a la población saharaui en los campamentos de refugiados en contra de su voluntad y con falta de libertad de expresión. Sin embargo, ningún medio independiente ni ninguna agencia de cooperación que permanecen en los campamentos ha corroborado estas falsas acusaciones.

Sin embargo, a nadie se le escapa el hecho de que los objetivos del Frente Polisario y Marruecos son realmente irreconciliables.

Rabat, aferrada a no soltar el Sáhara Occidental, no está dispuesto a ir más allá de una autonomía dentro del Reino de Marruecos.

El Polisario, quizás de manera comprensible, dice que está listo para negociar cualquier pero hay algo que es intocable: el "derecho inalienable e imprescriptible de nuestra gente a la libre determinación".

En el medio están los miles de refugiados, olvidados por el mundo, que han crecido y han envejecido en el exilio.