El peligro del resurgimiento de una fuerza yihadista en el Sahel.


Madrid, 28 de enero 2019. -(El Confidencial Saharaui).

Por H. Mohamed/ECS.

Grupos armados en Malí/ agencias 


Los informes y últimos datos recogidos alertan del grado de violencia que ha estallado en el Sahel, hostigado por varias organizaciones terroristas, entre otras razones.

AUMENTO PREOCUPANTE DE LA VIOLENCIA

Desde la irrupción del yihadismo, la violencia está aumentando de forma preocupante en esta parte del continente africano. De acuerdo con los datos del grupo de investigación Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED), en Malí se registraron 1.686 muertes en 2018, en comparación con 949 en 2017 y 320 en 2016. Las zonas conflictivas también se están extendiendo, desde el norte hasta el centro de Malí, así como a lo largo de las fronteras entre Níger, Malí y Burkina Faso. Las organizaciones terroristas sostienen una cruel competición por ser la que más muertos sume a su contador. Es de recordar que en esta extensa zona del desierto del Gran Sáhara, operan varios grupos armados, en forma de grandes coaliciones.

A esta espiral de violencia hay que añadirle las dificultades que atraviesa esta zona de África, que se deben, no solo al conflicto, sino que también están vinculadas con la disminución de las tierras útiles y la imprevisibilidad de los recursos hídricos. De acuerdo con las estimaciones de la ONU, cerca del 80 por ciento de las tierras cultivables del Sahel están deterioradas, y aproximadamente 50 millones de personas dependen de la ganadería y compiten por la tierra en la región. A finales de 2018 se estima que había unos 33 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria en esa región.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), ha advertido tensiones entre agricultores y pastores, según ha podido informar su presidente Maurer: el cambio climático se está dejando notar con especial virulencia en el Sahel y en países como Malí o Níger está contribuyendo a exacerbar el conflicto entre las comunidades.

Dicho panorama ha emergido acciones de llamamiento por parte de las grandes coaliciones terroristas, que en aras, a su previsible expansión por el territorio africano, su objetivo es establecer fuertes lazos y relaciones puntuales que ayuden a los terroristas a alcanzar sus intereses en un momento dado.

Jama'at Nusrat Al Islam Wal Muslimin, coalición de diferentes organizaciones yihadistas que operan en el Sahel y fieles a Al Qaeda, emite un vídeo en el que llama a la etnia peul, una de las etnias mayoritarias (Fulani), a sumarse a su causa. Las implicaciones de una posible alianza podrían ser catastróficas, sin embargo, hay que entender que ciertas regiones del Sahel funcionan como un avispero, en el que las organizaciones yihadistas actúan bajo las órdenes de líderes personalistas.

Un análisis de El Periódico sostiene que para frenar esta espiral y sus consecuencias, Europa debe volcar todos sus esfuerzos en África, principalmente España, cuya Seguridad Nacional se ve aún más amenazada por el auge irrefrenable que está experimentando el yihadismo perpetrado por todo el continente.

La entrada de las fuerzas francesas, las fuerzas americanas y los soldados del G5, en el norte de Malí, supuso una verdadera fragmentación en todas las organizaciones terroristas, incluso la desaparición de algunas de ellas. Esta situación, ha hecho que las afinidades tribales tengan mayor peso en el reparto y el control de territorios. Este hecho, está en la base de la alianza entre varios los grupos terroristas y las tribus de Fulani. Esta tribu le ofrece el calor y la seguridad que necesita y, a cambio, la tribu tiene el respaldo de un grupo conocido en la región que bien podría servirle como arma disuasoria, en sus disputas, con sus vecinos.

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