Sarkozy suministró armas a los movimientos terroristas de Malí y Boko Haram.


Bamako, 20 de febrero 2019. -(El Confidencial Saharaui).

Por Lehbib Abdelhay/agencias 

● Francia armó a los terroristas de Malí y los grupos yihadistas de Boko Haram. 

Ex Presidente de Francia 


Todos los expertos militares occidentales coinciden en que Francia, el cuarto mayor exportador de armas del mundo, un rango que mantiene cuando cayó al sexto lugar de las potencias económicas, fue muy imprudente lanzándose en paracaídas a ciegas en el desierto de Libia en junio de 2011, docenas de toneladas de armas a terroristas para rebelarse contra los combatientes de Gaddafi. Nicolas Sarkozy, que es un hombre impaciente, tenía prisa para acabar con su nuevo enemigo, el líder de Libia.

Una lluvia de armas tricolores.

Hasta estos suministros, los contenedores de armas fueron entregados por Qatar y los Emiratos Árabes Unidos (donde el ex presidente ejerce su talento de profesor) en avión a Benghazi, luego en barco hasta Misrata, ciudad en poder de los insurgentes. Se lanzaron paracaídas franceses en Jebel Nefoussa, no lejos de la frontera con Túnez. Se lanzaron masas de lanzacohetes, rifles de asalto, ametralladoras y especialmente misiles antitanques de Milán. Utilizando un sistema muy sofisticado, con un pequeño paracaídas que se abrió a 200 metros sobre el suelo, luego se jactó de los soldados franceses, informa África 24.

En esta región, considerada una fortaleza islámica, estas armas lanzadas desde el cielo por parte de aviones franceses, fueron recibidas como una bendición, especialmente por Mounir el-Haidara, uno de los emires más famosos del yihadismo tunecino. Gracias al clérigo árabe, una gran parte de las armas se desviaron de su verdadero destino y se almacenaron, como bien dijo el embajador francés en Camerún, en el "tráfico ilegal", con destino a Aqmi, Boko Haram y a otros grupos yihadistas en el Sahel. Así es como el ejército francés en Malí y el ejército chadiano en Camerún se encontraron cara a cara con las ametralladoras francesas.

La trágica ceguera de los gobernantes franceses no se detiene allí. Ha de recordar que el Coronel Muammar Gaddafi todavía era un excelente cliente (fuera de los períodos de embargo) de la industria armamentista francesa. Unos meses después de llegar al poder en 1969, hizo un gran cheque para comprar 82 Mirage en Dassault. En la década de 1980, los exuberantes contratos llevaron a la entrega de misiles tierra-aire y lanzamisiles Crotale II. Gaddafi volvió a ser frecuente en 2004, las compras de armas por parte de Francia fueron renovadas sin garantías.

A mediados de enero de 2012, una insurrección tuareg –la tercera desde la independencia del país–, rompía la calma maliense. Sin embargo, esta no era como las anteriores, débiles en intensidad y sin capacidad de prosperar. En esta ocasión miles de tuaregs, con todoterrenos artillados, armamento pesado y hábiles en el combate, aparecieron en el norte del país. Además, no venían solos.

Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y Ansar Dine, filial yihadista maliense del AQMI, acompañaban la ofensiva tuareg. La sofisticación de su armamento francés y la precariedad de medios con los que contaba el ejército maliense provocaron la caída inmediata de importantes ciudades como Kidal, Gao o Tombuctú en manos de la coalición proveniente del desierto.

Para encontrar el origen de esta repentina y potente ofensiva debemos viajar al noreste, a Libia. Cuando en octubre de 2011 Gadaffi fue asesinado, su bando rápidamente se desvaneció. Los apoyos militares del líder libio se basaban, a falta de un ejército regular potente, en las tribus afines y los mercenarios tuaregs a su servicio.

Con la desaparición del Coronel, sus partidarios se retiraron de la lucha. En el caso de los tuaregs de alquiler, estos regresaron a donde habían vivido siempre, el Sáhara, sin entender de fronteras ni límites. Sin embargo, por el camino saquearon varios arsenales libios, cuyo armamento se sumó al que les había facilitado Gadaffi. Se vieron, por tanto, fuertemente armados y en condiciones de plantar cara a un débil estado como era el maliense y así conseguir de una vez sus ansiadas demandas autonomistas, desoídas en los últimos años a pesar de las fuertes sequías que había sufrido el norte del país, perjudicando fuertemente el pastoreo, su principal modo de vida.

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