Las consecuencias de ser mujer saharaui y vivir bajo la ocupación marroquí.



Por G.B./ECS.

El Aaiún ocupado (Sáhara Occidental), 24 noviembre de 2018. -(El Confidencial Saharaui).

(Por temor a su vida, la autora decide mantenerse en el anonimato).

Quien es Quien?/ foto ilustrativa 

Historia de G.B. , 21 años de edad, Con 17 años, G. B. dejó la casa de sus padres para vivir con su abuela en el centro de El Aaiún ocupado, en el barrio de Maatallah, reconocido por la concentración de actividad política saharaui. Allí, G. B. empezó a observar directamente la represión de la ocupación, la violencia de la policía, y la fuerza de la resistencia saharaui. “Aunque no estuve en el campamento de GdimIzik, en las calles de El Aaiún pude ver la violencia que siguió al desmantelamiento del mismo: los arrestos, los ataques, y la vigilancia.”

Sin embargo, ella nunca participó en las manifestaciones u otros actos de resistencia; es una de las hijas menores de una familia amplia y debido al activismo de sus hermanos y hermanas mayores, la familia ya ha sufrido mucho.

G.B. se dedicó a sus estudios, y cuando llegó el momento de elegir entre las dos posibles universidades marroquíes donde podría estudiar, G. B. eligió irse a Marrakesh. Allí, aunque no vio la misma violencia, G. B. enfrentó una realidad que no había imaginado. “En el proceso de buscar alojamiento, tuve que visitar muchos apartamentos y hablar con los dueños sobre un posible contrato de alquiler. Pronto aprecié que la mehlfa saharaui provocaba rechazo; algunos me cerraron la puerta en la cara.

Desesperada por tener un lugar donde hospedarme, probé a cambiar mi vestimenta – un hijab acompañado por una falda o pantalones, algo más típico de las mujeres marroquies –, comprobé que las reacciones cambiaron drásticamente: la disposición de recibirme, la forma de hablar, las miradas de la gente en la calle.” Pero esto no fue suficiente. El documento de identidad de G.B., emitido por el Reino de Marruecos como fuerza ocupante, contiene las letras “SH,” el código que marca el Sáhara Occidental. “Cuando presentaba este documento a los dueños de los apartamentos de alquiler, ellos no querían alquilar a una persona saharaui. "Me vi obligada a decirles que realmente era marroquí, que había nacido en Rabat, pero que me había ido a vivir al Sáhara Occidental como muchos otros colonos marroquíes.” Sólo a través de estas mentiras G.B. logró conseguir alojamiento en Marrakesh y finalmente pudo seguir estudiando.

La discriminación no terminó allí. Cada vez que G.B. viste su mehlfa o muestra su documento de identidad, ella se ve obligada a negar su identidad saharaui como condición para recibir los servicios que busca. “En una tienda de Zara en un centro comercial, mis amigas saharauis y yo, con nuestras mehlfas fuimos paradas por un agente de seguridad que no nos permitió la entrada sin antes ‘reconocer’ que el Sáhara Occidental era parte de Marruecos. Una de mis amigas, nerviosa y molesta por la situación incómoda que su vestimenta había creado, contestó que no eramos del Sáhara Occidental, sino de Mauritania donde las mujeres también visten mehlfas. Satisfecho con la explicación, el agente de seguridad nos permitió entrar en la tienda.” En otra ocasión, G.B. fue ingresada en el hospital en Marrakesh y presentó su documento de identidad. “La enfermera, antes de conectar el tanque de oxígeno, me preguntó, ‘El Sahara es marroquí, ¿no?’ sabía que, si quería recibir el tratamiento, no lo podía negar. Asentí con la cabeza e intenté sonreír para que la enfermera me diera el tratamiento que necesitaba.”

Para G.B., la experiencia de vivir en Marrakesh y de haber visto las realidades de la ocupación en El Aaiún, le ha llevado a decidir irse al extranjero para poder continuar sus estudios y construir un futuro mejor. Su padre y algunos hermanos tienen la nacionalidad española, fruto del nacimiento de su padre en el Sáhara Occidental cuando era provincia española, pero G.B. no ha podido acceder a este estatus debido a que las autoridades marroquíes han hecho un cambio en la escritura de su nombre en su documento de identidad.

“Como mi apellido no existe en el léxico marroquí, han cambiado la forma de escribirlo para que suene como un nombre marroquí. Este cambio ha creado una discrepancia entre mi apellido ‘legal’ y el de mi padre, y ha impedido que me pueda beneficiar de la nacionalidad de mi padre.” Cita: “Muchas veces he tenido que fingir que soy marroquí solo para recibir un trato digno. A día de hoy, me arrepiento mucho de ello.”