Los gobiernos tiranos y la complicidad occidental.


Madrid, 20 Octubre de 2018. -(El Confidencial Saharaui).




Por Mariam Jawda Mouloud/ ECS/WP. 



Imagen editada de los dos opositores árabes, el marroquí Ben Barka y el saudí Khachoggi.


Había una vez un gobernador de un país de Medio Oriente que estaba en la treintena de edad y se presentaba a sí mismo como un liberal, pero realmente no trajo consigo ninguna disidencia una vez consolidó el poder. Y por entonces había un opositor que no le agradaba en especial, una persona que fue consejero real, y en ese momento se encontraba en exilio forzado y viajaba por el mundo criticando las medidas represivas de dicho gobernante. Es más, este opositor había denunciado una grave guerra que este gobernante estaba llevando con su vecino.




Un dia, este opositor fue atraído a una ciudad extranjera, detenido y nunca más se supo de él. El gobernador por supuesto negó cualquier vínculo con la desaparición de ese hombre. Sin embargo, las cámaras captaron imágenes de algunos hombres leales a dicho gobernante, que estaban rondando la zona durante aquel fatídico día.

Querido lector, quizás ahora esta historia le evoque a Arabia Saudí y el periodista Jamal Khashoggi, pero el gobernante de nuestra historia no es otro sino el difunto rey de Marruecos, Hassan II. El opositor era Mehdi Ben Barka, ex consejero de Hassan II por entonces, cuyo secuestro se produjo hace 53 años, un 29 de octubre. Cada año en esta fecha, los hijos de Ben barka y un reducido grupo de sus seguidores se reúnen en el lugar del secuestro, cerca de la famosa Brasserie Lipp, en el Boulevard St. Germain, Paris. Su objetivo es exigir a Marruecos y a los servicios de inteligencia extranjeros para que finalmente confirmen todo lo que saben sobre la desaparición del Che Guevara marroquí.

Ben Barka no fue Khashoggi
, el periodista saudita exiliado y crítico con el régimen de su país, que entró en el consulado de Arabia Saudí el 2 de octubre para recoger documentos personales y se teme que ha fallecido. Sin embargo, el caso de Ben Barka nos aporta lecciones importantes, de cómo responder ante el asesinato del periodista saudí, y también del caro coste que nos supondría mirar la no actuación.




En 1961, el Rey Hassan II hereda el trono de su padre. Al siguiente año, el recién independizado Marruecos adopta su primera constitución, otorgando al monarca grandes poderes pero también permitiendo un parlamento multipartidista en contraposición del parlamento de un solo partido político que había en la época de la descolonización.

Hassan II había intentado neutralizar a los partido haciéndoles enfrentarse entre sí, pero Ben Barka rehusó a entrar en su juego. Además, denunció la guerra en contra de su vecino Argelia. Finalmente por estos actos, Ben Barka fue condenado, en su ausencia, a pena de muerte inculpado de alta traición.

Después de 50 años, aún queda por esclarecer la verdadera historia de Ben Barka. Sin embargo, un juicio dictaminado por un tribunal francés y numerosas investigaciones de periodista determinaron lo siguiente. Ben Barka, en un complot atentando contra su vida, había sido traído a París, donde dos policías franceses, en cooperación con agentes de inteligencia marroquíes y franceses y miembros de la mafia francesa, lo secuestraron en plena luz del dia y lo llevaron a las afueras, a los suburbios parisinos. Allí, se informa que los agentes marroquíes lo torturaron en presencia de Mohamed Oufkir, por entonces mano derecha del Rey de Marruecos.





Hubo varias versiones acerca de lo acontecido, algunos afirmaron que Ben Barka fue asesinado intencionalmente y otros, que se murió de forma accidentada antes de ser reportado a Marruecos. En todo caso, su cuerpo jamás apareció.

A raíz de este suceso, el Presidente francés Charles de Gaulle afirmó que una agencia de inteligencia francesa ayudó a Marruecos en el secuestro del Ben Barka en suelo francés y llegó a interrumpir las relaciones con Marruecos al negarse el rey a entregar a Oufkir, quien la justicia francesa condenó a cadena perpetua, en su ausencia, por su papel en el siniestro. Sin embargo en 1969 con la llegada a la presidencia francesa de George Pompidou, se retomaron las relaciones con la ex colonia y el caso Ben Barka quedó en el olvido.

Las potencias occidentales, en plena Guerra Fría y teniendo a Marruecos como aliado, pudieron no haber hecho ningún funeral por el difunto Ben Barka. Sin embargo, su incapacidad para rendirle cuentas a Marruecos, hicieron que el Rey Hassan II se envalentonase y siguiera cometiendo atrocidades silenciando sus oponentes con repercusión política, desapariciones forzosas y en masas, torturas sistemáticas y enjuiciamientos injustos, algunas veces en prisiones secretas. Prácticas que parece haber heredado el actual rey de Marruecos, Mohamed VI de su padre y que se sigue aplicando sobre todo a la población del ilegalmente anexionado territorio del Sahara Occidental.

Desde luego, Jamal Khashoggi, un ex asesor de la familia real saudí, ha hecho múltiples enemigos con su postura al criticar al régimen saudí. Su desaparición, al igual que Mehdi Ben Barka, increíblemente descarada, se relaciona con la práctica de repercusión del gobierno del Príncipe Mohammed Bin Salman, llegando a niveles extremos, como el caso de las mujeres que se han protestado en contra de la prohibición a las mujeres a conducir que aprobó el gobierno saudí en Junio.

Los gobiernos occidentales, una vez más, ante el interés creado con Arabia Saudita (petróleo, venta de armas y su posición estratégica), rara vez han cuestionado su historial de medidas atroces.

Ante la presión internacional que ha despertado el caso Khashoggi, apoyado por algunas multinacionales occidentales, que hasta ahora nunca se habían pronunciado ante los abusos saudíes, ha puesto al Príncipe por primera vez en un apuro internacional. No habría que desperdiciar este momento y es hora de que la comunidad internacional presiona al Príncipe para que haga una reforma total de su organización interna y ponga fin a esta represión que aplaste a todo que sea afin a el mismo.

En el 40° aniversario de la desaparición de Ben Barka, el alcalde de París conmemoró el suceso nombrando el cruce de Brasserie Lipp como la “Plaza de Mehdi Ben Barka”.Quizás dentro de años, veremos una placa a la entrada del consulado saudí en Estambul en honor al asesinato de Khashoggi. Esperamos que esta vez no tengamos que conmemorar la incapacidad de la comunidad internacional de ponerse a su lado y de todas las víctimas de represión brutal de los gobiernos.