Las redes sociales, un refugio para denunciar el desconento social marroqui.


Madrid, 17 Octubre de 2018. -(El Confidencial Saharaui).





Por Mariam Jawda Mouloud/ ECS. 




Frente un panorama político paralizado y un espacio público controlado, la ciudadanía marroquí aprovecha las redes sociales para expresar su descontento general, que solo es un reflejo de que los acontecimientos sociales que experimenta el país en esto días alentan de una revuelta social más allá de lo virtual.





El creciente interés de los marroquíes por la movilizaciones, incluso a nivel local, además de su giro de visión del rey, refleja un cambio total en la actitud de la sociedad marroquí. Cada sistema político tiene límites y niveles de violencia, pero una vez que se supera el límite ordinario, es cuando estalla la polémica.Y la muerte de Hayat, la chica a quien la marina real marroquí disparó causando su muerte mientras la joven intentaba oír a Europa en una embarcación, fue un ejemplo de este estallido.

Tras este fatídico suceso, el 28 de septiembre un grupo de ultras de un equipo de la ciudad de Tetuán, de donde procedía Hayat Belkacem, organizó una manifestación para exigir a las autoridades del Reino una rendición de cuenta del fusilamiento que le costó la vida a Hayat, que terminó finalmente por actos de vandalismo.





Esta vez la policía no prohibió la manifestación ni tampoco intervino para dispersarla. Al día siguiente, ha procedido a arrestar nueve personas implicadas en los actos de vandalismo y ha convocado los líderes del grupo de ultras para “dialogar” con ellos. Bajo coacción y amenazas de recortes financieros incluso de prohibición de su actividad, los ultras del equipo de Tetuán no han vuelto a tener más muestras de solidaridad con el caso de Hayat.

Las autoridades cambian su estrategia de silenciar a la población, y su modus operandi ha evolucionado. Y en vez de de prohibir o dispersar con la fuerza las manifestaciones, en cuanto la ocasión lo permite, se presenta la coacción como el mejor método para impedir las revueltas sociales. Y en este caso han encontrado un blanco frágil debido al vacío legal que regularice los equipos de los ultras.





El fallecimiento de Hayat ha tenido una movilización emocional, que no se ha traducido en las calles, más allá de la manifestación del equipo de Tetuán. Pero ello no quiere decir en absoluto que este episodio dramático esté condenado al olvido. A través de las redes sociales, las movilizaciones locales tienden a unificarse los unos con los otros de apoyarse para formar una unión más reforzada. Más que nunca, las redes sociales contribuyen a eliminar las barreras entre los espacios y grupos que forman la sociedad marroquí. Este proceso posee las bases de una solidaridad, que podría estar orientado hacia una acción de protesta, si el panorama lo requiere.

Cada vez más, la sociedad se atreve a hablar claro y sin tapujos y a llamar las cosas por su nombre: señalan con el dedo el binomio de autoritarismo y desarrollo débil del país y la retórica oficial que sobreprotege el rey de la culpa y responsabilidad queda ya obsoleta.

Si el deceso de Hayat ha sido el detonante que ha acelerado este movimiento, sin embargo, existen otros causas que han permitido su nacimiento. La despolitización de la esfera pública y la limitación de expresiones críticas han contribuido a una politización de las redes sociales.

Ante unos medios oficiales que filtran y censuran incluso cierta información, las redes sociales se han convertido en un lugar para expresar lo “indecible”, un lugar que rinde homenaje a la sociedad para publicitar y hacerla visible todo aquello que los servicios públicos impiden mostrar a la luz.

Pero la evolución más notable es sin duda la siguiente: la monarquía ya no es tan intocable. Hasta el momento, ha dado la impresión de creer que su legitimidad histórica era atemporal.

Creyendo que su afianzamiento histórico la haría inmune ante las resurrecciones, hemos vista que estos últimos días ya no lo es tanto y el tiempo.