Opinión | Cuestionemos los adalides del feminismo.






Amnat

Madrid, 23 sept 18 – (El Confidencial Saharaui )

Opinión de Nasra Mah Iahdih Said



Nasra Mah Iahdih Said / estudiante de Derecho en la UCA / miembro de Amnat Thawra.




El feminismo debe ser un modo de vida, porque es el que nos hace realmente libres como mujeres. Cuando te adentras dentro de ésta “corriente”, te das cuenta realmente del poder que tienes como mujer, de lo valiosa que eres y de lo ridículos que son todos aquellos que te subestiman por el hecho de tener un sexo determinado. Este movimiento nos ha enseñado a cuestionar todo lo relacionado con la mujer. Todas las pautas que nos han establecido antes de estar concienciadas, se han derrumbado con el feminismo. ¡Comenzamos a ser nuestro propio espejo!. Sólo nosotras estamos legitimadas para opinar sobre nuestra condición y por supuesto, compartir inquietudes con los hombres, ésto debe ser el feminismo.

El feminismo, es la autoestima que personifica a la mujer. Entre otros elementos nos ha dado amor, hermandad y amigas. En definitiva, hemos aprendido a amarnos y a cuidarnos entre nosotras. Ahora que muchas estamos concienciadas de la importancia de ésta vertiente, ya nada nos va a detener. Invito a todas las mujeres con independencia de su condición intelectual e ideales, a que conozcan éste movimiento social tan importante y necesario para nuestra compleja sociedad.




Ahora bien, dicho lo anterior, ni siquiera el propio feminismo o mejor dicho, ni las personas que habla en nombre del feminismo estamos exentas de ser cuestionadas o, de que nuestro comportamiento sea cuestionado. Cometemos muchos errores, entre ellos; creer que poseemos la verdad absoluta y, no pararnos a cuestionar nuestro comportamiento con respecto a este movimiento. El feminismo no debe ser un movimiento dogmático donde no hay espacio para disentir en algunos aspectos, sino que debe ser un movimiento abierto, donde hay cabida para distintas perspectivas. Si no hay debate desde dentro, es imposible avanzar

Si hay algo que me ha enseñado la filosofía, es a cuestionarlo todo, y el feminismo no iba ser menos. Pues, todo lo creado por el ser humano, está siempre en entredicho dicho y por supuesto es totalmente alterable y cómo no, cuestionable.

Lo cierto es que, tenemos muchas vertientes en el feminismo, pero, a mi pesar, no puedo hablar de todas, sí lo haré de los movimientos feministas más destacados.

Por un lado, tenemos el feminismo islámico que, observo atónita como sólo hace hincapié en temas como lacolonización -de vez en cuando hay que hacer referencia, pero en su justa medida- de hecho, tienen la osadía de decir que es este problema el que las ha oprimido como mujeres -lo cual es una lectura un tanto tergiversada y poco veraz-. Otro problema que tratan es la islamofobia, éste acapara casi la totalidad de su discurso, pero… estamos hablando de un problema que sufren todos los declarados musulmanes en Occidente, me arriesgaría a decir que casi en la misma medida lo sufre el hombre musulmán como la mujer. El problema de éste feminismo es que enfoca una lucha dirigida sólo hacia el cuestionamiento de los ideales occidentales, como si éstos fueran el único enemigo a combatir. También, he de decir que detecto en ellas un cierto narcisismo incondicional y cero reflexivo.


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Nasra Amah Iahdih Said/Columnas
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Me atrevería a decir que remiten su lucha exclusivamente contra el pensamiento Occidental; porque es la vía fácil. Creeré del todo en éste feminismo cuando “cojan el toro por los cuernos”, que es enfrentarse de frente y sin tapujos ni miedos contra el patriarcado árabe/islámico. Enfatizando los puntos opresivos que éste heteropatriarcado ha establecido. Porque la verdadera lucha está ahí. Está; en decirle a ese patriarcado que las pautas que nos establecieron hay que cuestionarlas y sobre todo, modificarlas al gusto de las mujeres hasta tal punto de imponer la igualdad entre hombres y mujeres. Tampoco deben dejar de lado las mujeres musulmanas que no se cubren -porque también tienen los mismos derechos- o las mujeres árabes laicas. La lucha debe ser homogeneizada y, anclarse en el bucle del victimismo frente a Occidente no es la mejor vía para conquistar los derechos de la mujer musulmana. Por último y no menos importante, destacar la valentía de éstas mujeres al levantarse por sí mismas, hacer su presencia notoria manifestando su autonomía ante todas aquellas vertientes que intentan estigmatizarlas y subestimarlas.

El feminismo racial -podría entrar aquí el islámico pero he decidido destacarlo a parte-. Ésta corriente es una de las más importante dentro del feminismo. Su existencia es clave para que las mujeres racializadas -y los hombres también- se sientan representadas y comprendidas en un mundo donde lo que prima son los estereotipos occidentales. Su utilidad está siendo de gran relevancia, pues, están modificando gran parte de las conductas racistas y además está teniendo un importante impacto en la sociedad occidental. El problema viene siendo cuando viven del victimismo -vuelvo a apelar a este término- y no sólo eso, sino de estar continuamente enfatizando los errores del “feminismo blanco” con respecto a los demás. Es como si necesitaran la aprobación de éste feminismo para sentirse realizadas. Viven en un continuo dilema; subsistentemente están reclamando la atención del feminismo occidental pero a la vez, subrayan su repulsa por este movimiento y el hecho de que no lo necesitan. Es como si el llamado “feminismo hegemónico”, fuera su problema real. Recalcan insistentemente las diferencias que les separan de ésta vertiente, pero no son capaces de sentarse con él y unificarse en una lucha que debe ser unánime -feminismo antiracista-. Dejar de lado las diferencias y fortalecer las similitudes es la clave para que el feminismo tenga un éxito rotundo.

El feminismo occidental es sin duda el que ha despertado el movimiento feminista, su aparición ha sido clave para la mujer “blanca” y cómo no, para la racializada, pues, han conseguido que mujeres de todo el mundo se planteen las condiciones en las que se encuentran, han hecho reflexionar a mujeres de medio mundo. Y es un logro que hay que atribuirles, por supuesto, con matices. Pero, últimamente, me está dando la sensación de que se están otorgando una legitimidad que no les pertenece; “repartir el carnet de feminista” y hablar en nombre de todas las mujeres, como si los problemas que ellas sufren, fueran los mismos que el de una mujer racializada -por ejemplo-. Su piel es cada vez más fina, lo cual es síntoma de pensamientos un tanto autoritarios, se les está olvidando de que existe algo que se llama; libertad de expresión. Art. 20.2 CE dice: El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.

Otro grave error que cometen es, creer que el feminismo es sólo cosa de mujeres. Los hombres también pueden y deben ser feministas y, excluirlos no es el mejor método para defender y expandir este movimiento. Los hombres no deben sentirse fuera del feminismo, deben adentrarse en él, conocerlo, y debemos compartir con ellos inquietudes. Porque no olvidemos que ellos también son víctima de este sistema patriarcal.

Lenguaje inclusivo:

¿Y qué pasa si una feminista cree que el masculino como género no marcado ya es inclusivo? ¿Se le retirará el carnet de feminista? Lo cierto es que a veces me da la sensación de que se nos está yendo la cosa de las manos, porque la estamos tomando incluso con el lenguaje. Lo que discrimina e invisibiliza a la mujer no es el lenguaje, es la realidad.




Estoy detectando un problema importante en todos los feminismos y es, que el aspecto emocional -elemento que es muy subjetivo y una locura tenerlo siempre presente- está primando por encima de la razón, lo que produce cierta irracionalidad en determinados comportamientos profeministas. Y ya ni hablemos de la modificación que están intentando llevar a cabo en cuanto a la biología del ser humano.

La serenidad y la tolerancia en la lucha de una causa son elementos primordiales. Entiendo que algunos comportamientos son una mera manifestación simbólica de rebeldía, pero repito, todo debe ser en su justa medida y no debemos traspasar la frontera de la realidad, porque es ahí, donde perdemos la credibilidad.


NOTA: El Confidencial Saharaui no se hace responsable de las opiniones vertidas por los distintos autores.