"Vacaciones en Paz 2018" | La despedida.



Palencia, 28/08/2018. - (El Confidencial Saharaui). Redacción.

Por Benda Lehbib Lebsir./ Vacaciones en Paz.

Ya ha comenzado la cuenta atrás, se acabará.
No es que no me importe ..
es que simplemente sé que lo hará.

¿De qué me serviría pensar que nunca sucedería?

Prefiero preparar .. una fiesta de despedida
por cada uno de aquellos días que fueron tan ..
Rápidos, tan fáciles…
Despedida -Izal-.


Benda Lehbib Lebsir/ Bloguera y articulista 


Dos de las cosas que más nos asustan en la vida son las decisiones y los cambios. No me digáis que no. Nos pasamos la vida retrasando el momento de decidir algo y aplazando ese cambio que tanto necesitamos pero que nos resistimos a llevar a cabo.

Hace no mucho os decía que creo que las cosas realmente buenas, las experiencias que dejan huella y marcan nuestra vida, no ocurren dentro de la zona de confort sino que hay que salir a buscarlas. Esto no siempre resulta fácil. Todos tenemos una rutina, unos hábitos, unas costumbres que nos hacen sentir bien, personas cerca con las que nos gusta estar y que alegran nuestro día a día…

A menudo nos da miedo lo desconocido, probablemente de aquí salió el famoso dicho “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Nunca he entendido este refrán. ¿Y si lo que queda por conocer es muy muy bueno? ¿Por qué conformarse?


V A C A C I O N E S E N P A Z


Así con las letras bien grandes, porque esto sí que son vacaciones. Dos meses por delante para disfrutar, hacer amigos, jugar, caernos de la bici, comer helados de chocolate hasta aborrecerlos, mancharnos, ponernos un poco más morenos si cabe, rasparnos las rodillas, estirar las horas en la piscina hasta que nos echen, dormir mucho de día y trasnochar un poco de noche porque quién se va a perder la verbena del pueblo.
Dos meses de aventuras inciertas y todo un mundo por descubrir.

El caso es que siempre que pienso en el verano me vienen a la memoria todos estos recuerdos. Quizá sea ese listón tan alto que dejé en el pasado, el motivo por el que mis expectativas estivales sean difícilmente alcanzables y, aún menos, superables. Aún así, aún sabiendo con certeza que los dos meses se reducen a dos o tres semanas y que lo de montar en bici nunca fue lo mío, este año sí, este año tenía (muchas) ganas de verano.

Llegado hasta aquí voy a lo que iba: las despedidas.

Mientras estoy escribiendo estas líneas os confieso que me vienen a la mente un montón de recuerdos: los preparativos, las compras de última hora, la báscula pesando una y mil veces porque ahí sí que las líneas argelinas son exigentes. El esto sí, esto no, y los ‘por si la niña lo necesita’ como decía mi madre una vez y hasta siete veranos seguidos. ¡Que paciencia la suya!.





El otro día una amiga me decía: “Mohamed está loco por irse, no hace más que contar los días que le quedan”. Me lo decía entre miedo y e incertidumbre. Mi reacción no fue más que la de reírme y pensar qué tiempos aquellos, porque yo también viví esos días, y es algo que –aunque lo intenté- es inexplicable.

Los niños, han disfrutado su verano, y se llevan la mochila llena de recuerdos, pero sobre todo el contraste emocional es brutal, por una parte se quieren ir y por otra, quedarse. Y siempre diré que de pequeña les decía a mis padres de acogida: yo voy, saludo a mi familia y me vengo.
Pero también, es cierto, que de qué pasta están hechos estos niños. Lo digo por ese temido momento de la despedida, cuando no hay vuelta atrás y el hasta pronto es la única palabra aceptada. Y os confieso que no es nada fácil. 

El momento de subirse al avión, ese silencio, el último abrazo, la responsabilidad de estar atentos a su maleta, el llegar a casa, el abrazo de su madres, el reencuentro…abrir las maletas e intentar contar con pelos y señales cada detalle, y de esta manera hacer participes a su familia biológica y a sus amigos, de lo que seguramente haya sido la mejor experiencia de su vida, etc.
(Es que se me caen las lágrimas solo de revivir esos pequeños recuerdos).

Si ahora cierro los ojos, os aseguro que puedo transportarme a ese instante, sin moverme del sitio. Puedo recorrer con la mente cada uno de los pasos que dais desde que salís de casa hasta que despliega el avión que los lleva de vuelta a casa, pero sobre todo, de poner cara a cada sentimiento que estaréis viviendo muchos estos días. Y me incluyo. Así que disfrutad, que arranca la vuelta atrás y tan solo diez meses quedan para que estén de vuelta de nuevo.

He dejado para el final (igual que las decisiones) algo que llevo tiempo con ganas de escribir. Mi hermana, y su familia. Gracias por haber sido su hogar. Porque habéis sido testigo de sus juegos, risas y enfados. La habéis enseñado un idioma, una cultura, unas costumbres, pero sobre todo, la habéis dado la oportunidad de absorber todo y crecer un poco más. Gracias de verdad.

Era su primera verano y desde el minuto uno habéis puesto todo de vuestra parte porque fuera su verano, y así ha sido. Su mejor verano. Os confieso que, tenía miedo, es mi hermana pequeña (nació viviendo yo ya en España) y siempre digo que mi vinculo con ella es un poco más especial que con el resto, es mi ojito derecho como diríamos aquí. Y no os imagináis lo feliz que vuelve a casa, lo bien que se lo ha pasado, y lo mucho que os quiere, eso no lo digo yo (que también) lo dice ella sin decir ninguna palabra. ¡Gracias!.

“Porque tenemos recuerdos para llenar las penas. Si quieres apostamos, corazón".