OPINIÓN | ¿Puede el Vacaciones en Paz no ser lo que esperábamos?


Madrid, 13/08/2018. - (El Confidencial Saharaui).

Opinión de Benda Lehbib. 


Benda Lehbib/articulista, blogguera y miembro de Amnat Thawra, también autora de Vivencias de un saharaui.


Siento estar algo desaparecida últimamente, no es mi intención, lo prometo, pero hay momentos en los que prefiero parar a respirar, tomar impulso, aire y, de esta forma, poder escribir de otra manera y, también, todo sea dicho, a otro ritmo. En este mes han pasado cosas interesantes, otras no tanto pero, al final, todo salió bien, muy bien. Y lo que queda…

Cómo sabréis que, en muchas ocasiones, empleo este pequeño espacio como desahogo. También que, para mí, escribir es un poco eso. Forma parte de mi vida, de mi felicidad, también de mis momentos menos buenos, por eso, a veces necesito gritar. Pero, mi grito no es de ahogo o desesperación, ni mucho menos, es mucho más suave, sale en forma de letras, puntos, comas y comillas. Sale para que leáis entre líneas, para que viváis conmigo ese sentimiento que quiero transmitir, para que viajéis donde jamás imaginasteis ir y para que recapacitéis de la misma manera que alguna vez yo también hago. Ahí se encuentra el meollo de todo este tinglado.

Bueno, a lo que voy (que me enrollo y quiero ir al grano).

El otro díaen un encuentro con los niños y niñas saharauis, que vienen a pasar el verano a España, -una cita casi obligatoria para los pequeños embajadores- y para quienes se suman a esta experiencia, ósea las familias acogedoras. Y en la que me he sentido muy pero muy identificada. Hacía 11 años que no estaba en un encuentro de los niños y ya aproveché un poco para viajar en el tiempo, y nunca mejor dicho. Además, intenté en la medida de lo posible exprimir al máximo el tiempo que estuve con ellos.

Sus caras lo decían todo. Había quienes aprovechaban para comentar sus anécdotas, la piscina, el mar ganaban la partida por goleada desde luego. Otros sin embargo, sus viajes, su familia de acogida, en cuestión de horas he llegado a poner cara a cada uno de ellos, y hasta les llegué a conocer sin conocerlos.

Otros, escuchaban sin más y de vez en cuando intentaban asomarse a la conversación y luego estábamos los que flipábamos literalmente con sus expresiones, gestos, y no menos importante sus ganas de transmitir todo o casi todo lo que han vivido hasta ese día. Era su momento. Su día de reencuentro y no defraudó. Y de ese día, llegué a la conclusión de que sí algo nos caracteriza a los saharauis sin duda es lo muy expresivos que somos. Es una pasada como una mirada lo dice absolutamente todo.


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Lo dicho, me senté con una mamá de acogida, a tomarnos el café post la comida, (todo un ritual en mi rutina), y hablamos de todo, lo bueno y lo no tan bueno. En ese ratito, me comentó que la experiencia no estaba siendo todo lo que esperaba. Qué la habían llamado la atención varias cosas que según su punto de vista no se ajustaban nada a lo que ella pensaba: “Le encanta estar al teléfono, podría estar horas hablando…” “Yo creo que los niños de ahora no son como los que venían antes” “Me pide muchos caprichos, que sí te digo Benda no soy capaz ajustarme a eso” me decía literalmente, y a deciros verdad me quedé un poco impactada. Me llegaron sus palabras, y de alguna manera me dolieron. Estaba ante una realidad que hasta entonces conocía y desconocía a la vez. Por que al igual que me fascinaron las caras de aquellos niños, la suya hablandome de esta realidad me arraño un poco el corazón. Y de ahí me prometí escribir este post.

Hoy me gustaría hacer una reflexión, pequeña, no demasiado profunda, no os asustéis. Simplemente creo que, por norma general, desde los campamentos deberíamos dejar de intentar controlarlo todo, cada minuto, cada instante, cada paso, cada palabra. Y que los niños sean ellos mismos. Algo habremos ganado seguro. Llegados a este punto, imagino que si alguien que me conoce (muy bien) me está leyendo, le estará entrando un ataque de risa e incredulidad simultáneo de narices. Estoy segura.

¿Tú? ¿Benda? ¿No controlar? Eso es imposible.

Pues sí. Los niños no son igual los de ahora que los que por ejemplo veníamos en el 2001. Las circunstancias tampoco. La educación no sé si habrá variado supongo que sí, porque las sociedades son cambiantes, pero si preguntamos incluso a una madre estoy segura que nos diría que de sus seis hijos no ha educado a dos iguales. Cada uno es como es. Y con esto pasa un poco lo mismo. Los niños, son niños. Aquí, en el Sáhara y dónde sea. Les gusta llamar la atención y de alguna manera no sé porque pero siempre lo acaban consiguiendo. Sus caprichos los tienen (en mayor o menor medida) pero los tienen. Y como siempre digo, somos los adultos quienes debemos limar eso.

Cierto es también, que ahora vienen más mayores, -política que respeto, pero no comparto- pero ahí está, y no sé si podremos hacer algo o no pero creo que los niños y niñas más pequeños son más ‘manejables’ se adaptan mejor, juegan más, interactúan más y sobre todo ganan mucho más que siendo más mayores y con otras expectativas. Insisto, es una opinión personal, pero no tiene porque ser la correcta.

Cierto es, también, y esto es un llamamiento a los/las organizadores que debemos trabajar más en los campamentos. Sensibilizar más a las mamás sobre el tema del vacaciones en paz. Hacerlas más conscientes de la realidad que se vive aquí en España, y que si de 4000 niños y niñas que están en los campamentos sólo logramos que vengan 800, por lo menos que se porten de manera adecuada. Que disfruten pero sobre todo: que aprovechen la oportunidad.

Es cierto, y también, esto es un llamamiento a las familias acogedoras, poned NORMAS, por favor, evitad el SÍ a todo. Evitad las comparaciones. Intentad que los niños y niñas se ajusten a vuestras posibilidades tanto familiares, económicas, sociales, etc. Y viceversa. Y antes de que se me olvide, GRACIAS, millones de gracias por permitir esta experiencia.

Ahora bien, puede que vuestra experiencia en el vacaciones no haya sido todo lo que pensabais, no pasa absolutamente NADA. De todo se aprende. Supongo que la vida tiene sus caprichos, tiene sus propios planes… y a veces es sólo una forma de ver qué podemos mejorar tanto nosotros como los niños y niñas que hemos tenido en casa. Creedme que sí funciona o no, los niños llevan la mochila cargada de recuerdos y eso no se olvida nunca. Quedaros con eso.

Hasta aquí, (me guardo muchas cosas para el siguiente post, y estoy abierta a todo tipo de opiniones, sugerencias. Porque es un debate muy, muy amplio)

Pero no me tomen demasiado en serio. Ya saben que yo quiero hablar de cosas bonitas pero, de vez en cuando, pero me entra mi vena intensa y necesito darle a la tecla sin mucho orden ni control. No era más que eso. Una tarde de reflexión, de pensamientos entrelazados. Nada que no pueda arreglarse. Nada que no esté arreglado hoy. Recompuesto. Con solución. Con planes. De esos muchos. Nada que unas risas y un paseo con la mejor compañía no pueda solucionar. Nada que la canción adecuada en el momento adecuado te haga ver lo importante, lo realmente importante. Eso que dice que lo mejor, siempre, está por venir.