OPINIÓN | No en mi nombre, imperialista.




Amnat Thawra agosto 27, 2018

Madrid, 27/08/2018 – (El Confidencial Saharaui)

Opinión de Nasra Amah Iahdih Said



Nasra Amah Iahdih Said / Estudiante de Derecho en la UCA / Miembro de Amant Thawra



Observo atónita cómo se producen ciertas injerencias en mi causa. Mi causa es la lucha contra el patriarcado de mi sociedad -ese que azota a toda sociedad-. No concibo cómo es posible que personas no pertenecientes a mi sociedad -saharaui- y que no tienen ni la más mínima experiencia de lo que es una mujer saharaui, más allá de los prejuicios que les rodean en su mente, tienen la osadía de decirme desde mi condición de mujer saharaui, cómo y de qué manera debo luchar contra el patriarcado de mí sociedad.

Se agradece el interés, pero, como bien dice Jorge Bucay; “quiero que opines sin aconsejarme”. Porque cuando alguien ofrece una opinión, siempre o casi siempre, tiende a aconsejar, no a dar una opinión. Jorge Bucay explica muy bien la labor de los consejos, según él, los consejos no son para seguirlos, aunque sí para tenerlos en cuenta. Por tanto, éstas “personitas” que van haciendo un papel que hace tiempo dejó de corresponderles y que en realidad nunca les correspondió; es la de tutores colonialistas, se olvidan de que “las morenas/negras” o las personas que fuimos afectadas por el colonialismo, también tenemos espíritu crítico. También somos capaces de observar ciertas incoherencias dentro de nuestras interrelaciones e incluso cultura. También tenemos esa capacidad de ver más allá de lo que “el hombre blanco” o “la mujer blanca” ven. No se dan cuenta de que actúan desde la superioridad moral de sociedad “blanca”, creyendo así, que ninguna mujer saharaui tiene las facultades suficientes como para levantarse contra “su patriarcado”. La actitud que toman nos infravalora e incluso nos subestima.

No sólo somo capaces de ver todos los problemas u opresiones que nuestra sociedad puede someternos, además, somos capaces de reconocer la raíz del problema y cómo no, de crear usos estratégicos para representar de forma hegemónica la femineidad saharaui.

Éstas supuestas feministas o “pro derechos humanos -”blancas”- están continuamente intentando hablar en nombre de la mujer saharaui e incluso de silenciar nuestras protestas -según el discurso que más les convenga, le darán o no voz/legitimidad-. A esto se le denomina “retórica salvacionista”.

Su discursos es claramente imperialista, que tiene como objetivo dominar la causa de la mujer saharaui e incluso iré más allá; oprimir u obstaculizar la causa saharaui . Opinan de nuestros problemas como si ellas fueran las únicas y legítimas salvadoras de los problemas que acarrean a la mujer saharaui en nuestra sociedad -que vuelvo a subrayar, son problemas que sufren todos los pueblos; el patriarcado-. Tal es su imposición salvacionista que tienen la osadía de cuestionar cualquier manifestación de una mujer saharaui sobre su condición, decisión o situación personal. Creen que nuestra inteligencia es tan limitada hasta llegar al grado de pensar que no somos capaces de decidir por nosotras mismas, que detrás de cualquier manifestación hay un hombre.

Su superioridad moral, les impide percibir nuestro grado de inteligencia. El trato que tienen hacia nuestro género es inadecuado y descarado, propio del colonialismo que nos ha azotado durante siglos. Aunque en realidad son actitudes de un feminismo postcolonial. Es como si ninguna causa fuera útil, si no es “un blanco/a salvando a un negrito/a o a un morenito/ita”. Para ellas, no somos seres con facultades de pensar por nosotras mismas, tienen que venir “las blancas”, a decirnos cuán oprimidas estamos y cómo salir de dicha opresión, porque, de ser la lucha propia, es decir, iniciada por nosotras mismas, no tendrá validez, ya que todo lo que hagamos o manifestemos, será condicionado por nuestro patriarcado, porque según ellas, sólo la mujer blanca puede realmente avanzar por sí misma.


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¿Qué nuestra sociedad quizás esté a años luz de los avances occidentales? ¡Pues claro que sí! ¿Que cuál es la razón? el colonialismo occidental, ese que nos ha impuesto y pretende imponernos en la actualidad una serie de códigos y pautas que según ellos, son las legítimas, pasando así, por encima de nuestras tradiciones y sin respetar nuestro propio proceso de evolución, una que debe establecerse o ser iniciada por NOSOTRAS mismas.

La raíz de esto, se llama racismo, sí, racismo. Porque éstas que dicen defender los derechos humanos de la mujer saharaui, lo hacen partiendo de su convicción de superioridad y por consiguiente el convencimiento de nuestra inferioridad. Como habéis podido apreciar queridos lectores, éstas “personitas” están continuamente anulado decisiones provenientes de mujeres saharauis. Tienen un afán obsesivo; el de salvar a mujeres saharauis. Vuestro paternalismo basado en una perspectiva colonial, nos intenta oprimir tanto o casi tanto como el patriarcado de nuestra sociedad. Eso lo demostráis cada día con vuestros discursos reaccionarios. ¡RESPETAD, NUESTRO PROCESO DE EVOLUCIÓN! ¡RESPETAD, NUESTRO PROPIO DESARROLLO FEMINISITA!

La realidad es la siguiente: no necesitamos ser salvadas por nadie. No aceptamos ni aceptaremos ninguna injerencia. Nuestra sociedad necesita mejoras -repito, como cualquier otra sociedad-. Pero éstas mejoras, sólo surtirán efecto y serán válidas si proviene de MUJERES SAHARAUIS. Los DDHH que puedan ser vulnerados por nuestra sociedad -como cualquier otra- seremos NOSOTRAS quienes tengamos la legitimidad suficiente de identificar dichas vulneraciones y sobre todo, de luchar contra ellas con los medios o las herramientas que creamos necesarias.

Lo cierto es que nuestra lucha feminista, no debe partir desde la evolución ya conseguida por parte del feminismo occidental, porque si actuamos de ésta manera, estaríamos siendo injustas con la situación actual de nuestra sociedad, además, de ser incomprensibles con nuestras hermanas y eso, sólo puede desembocar en fracaso, es entonces, cuando les fallaremos a nuestras hermanas.

Como cualquier evolución, nuestro feminismo, debe respetar las reglas del juego, y esas reglas consisten en respetar las distintas etapas de nuestra evolución, ajustándonos siempre, a nuestra actualidad social, pues, sólo así, conseguiremos hacer que nuestra bicicleta funcione y comience a pedalear, entonces, será cuando podamos controlar, además de, adaptar nuestra lucha a los distintos procesos de dicha evolución.

El fin de todas es el mismo, pero, lo más importante en éste tipo de luchas es la ESTRATEGIA, ya que será la que nos guíe hacia el camino más adecuado para hacer llegar nuestro mensaje -que es lo que realmente importa-. Sin estrategia, no es posible aspirar a ninguna evolución. La estrategia debe estar muy estudiada y bien determinada; es el pilar fundamental para cualquier lucha.

No será fácil la lucha para erradicar nuestro patriarcado, ya que nuestro feminismo, debe partir “casi” desde el principio, desde la nada. Lo cual quiere decir que, los logros no serán rápidos ni serán fácilmente palpables, lo que sí serán es duraderos. Por supuesto, una vez vencidas ciertas luchas, ésta no terminará, va para largo y por tanto, necesita mucha consistencia e inteligencia, sólo así, conseguiremos ser escuchadas y sobre todo tener la legitimidad suficiente como para que nuestras compatriotas nos tomen en serio, nos presten atención. Esto no trata de principios individuales ¡no! todo aquel que comience una lucha colectiva, dirigida al interés general, debe dejar de lado su lucha interna, su individualismo e incluso, deberá moldear sus principios y ajustarlos a determinadas estrategias -eso es inteligencia y altura de miras- para ser escuchado, que de forma sutil nos haga reflexionar sobre su visión, no sería justo que nos intentara hacer ver la realidad sin antes habernos “dado un paracetamol”. Nuestra sociedad no está lo suficientemente emancipada como para transmitirle según qué opiniones o reflexiones, todo, a su debido tiempo.