OPINIÓN | La escena de teatro que nunca acaba.


Amnat Zora

Opinión de Ana Mohamed Mustafa Tleimid.

Madrid, 02/08/2018 - ( El Confidencial Saharaui). 



Anna Mohamed Mustafa Tleimidi/estudiante saharaui y miembro de Amnat Thawra. 



Toda una nación olvidada en medio del desierto, todo un pueblo “acomodado” en las peores situaciones geográficas, económicas y políticas -aunque éstas últimas un poco más evolucionadas que el resto-.Un pueblo que hasta hace años no disfrutaba ni siquiera de agua potable. Un pueblo que comienza a disfrutar de la luz tras más de cuarenta años de apagón y, aún así, tiene que pagar sin tener ni para comer.

Más de 180.000 personas habitan en los campamentos de Tinduf en las peores condiciones humanas. Desde el año1976 hasta día de hoy siempre hemos vivido pensando que mañana o pasado el mundo iba a ser tan coherente y tan humano como para devolvernos lo que nos pertenece. Claro está que a medida que pasa el tiempo hemos perdido la paciencia, la ilusión y hasta la lógica. Ahora la mayoría pensamos que igual la guerra será nuestra única solución.

De un día para otro toda una generación de Saharauis son ahora periodistas, dispuestos, cómo no, a concienciar cualquier mente que desconozca o ignore la situación. Ni siquiera en los libros académicos de la historia española nos mencionan, por no mencionar los libros de historia marroquí, que describen nuestra historia como si fuese una reconquista. Como si el pueblo sahraui siempre formara parte de Marruecos. Esto se sostiene bajo la idea de que un tiempo atrás la mayoría de países del norte de África formaban parte de una única nación, pero, ¿y si todo eso fuese real y las intenciones fuesen reales? ¿por qué no vuelven con nosotros los demás países de aquella nación? por ejemplo; Mauritania, ¿por qué no vuelven todos y cada uno de esos países y forman una única nación? ¿o es que acaso sólo tienen que volver las riquezas del sector primario del pueblo saharaui a esa nación? Y no sólo eso, sino que además, muchas veces he escuchado afirmaciones de Marroquíes basadas en ese punto histórico, tales como:

“Los saharauis simpre fueron marroquíes.”

¿Por qué somos nosotros el pueblo que se manosea de un lado para otro? como si de títeres se tratase, ¿por qué tenemos nosotros que ser marroquíes? ¿por qué no son los marroquíes los que forman parte de nosotros tras esa nación? Pero el que conoce bien la historia del pueblo saharaui sabe que ambas afirmaciones son falsas, y aunque lo intentemos, jamás funcionaría unir a dos pueblos distintos en historia, distintos en el ámbito social -cada uno con sus costumbres, ideas y tradiciones, por lo tanto esto sería tan solo el sueño de unos pocos que desconocen la realidad- Además de la paciencia hemos perdido una organización social, basada en la confianza, en los valores, y en la hermandad. Ahora estamos ante una sociedad en la que no puedes confiar en tu vecino, dado que cualquiera puede ser amigo del “enemigo”. Ídem hemos incorporado el tráfico de tabaco, el tráfico de sustancias ilegales, por supuesto, financiadas por el estado marroquí.

Tenemos a parte de la población española que gracias a Dios es minoría acusándonos de ser unos estafadores, mentirosos, que no somos un pueblo democrático, que no respetamos a las mujeres, que nuestros dirigentes son todos ricos.

Nuestro pueblo es como cualquier otro pueblo existente en el mundo, un pueblo con sus pros y sus contras, pero que si algo deben hacer los españoles como responsabilidad histórica, es estar con nosotros hasta conseguir una solución coherente y justa, y los problemas de casa que nos lo dejen a nosotros.

Ademá de la serenidad y las pérdidas sociales, también hemos cambiado nuestra política, -y aunque como sociedad desde dentro pensemos que son cambios y que son para bien- lo cierto es que desde fuera sólo traen una inestabilidad y una diversidad política las cuales no nos permite una unificación, como estado o como dentro de cualquier tipo de poder, ya sea legislativo, ejecutivo o judicial, y eso lo saben muy bien las personas “mayores” saharauis.

Hemos tenido un transcurso de cambios en la política que han afectado de forma directa en la economía y como no, esto ha dado sus frutos en la sociedad.

Hemos pasado de una República basada en unos principios comunistas, los cuales, otorgaban a todos las mismas oportunidades, toda la población por aquel entonces refugiada tenía una única vestimenta, un único hogar y todos disfrutaban de las mismas obligaciones. Ahora estamos en una República basada en unos principios democráticos, donde lo único que nos queda en común son las ayudas humanitarias. Donde cualquiera puede disfrutar de sus privilegios sin importar nada, eso no queda sólo ahí, como hombres disfrutando de sus privilegios, sino que además trae desigualdad a la población. Desigualdad de comodidades. Desigualdad de situaciones y como no, desigualdades de oportunidades. Volviendo de la desigualdad de oportunidades nos encontramos con numerosas familias que han arriesgado tanto a nivel emocional como a nivel económico en cuanto han encontrado la oportunidad, para que sus hijos puedan estudiar en el extranjero y así ser de gran ayuda para el pueblo sahraui -porque si algo comprendieron rápido los saharauis es que los estudios son muy importantes para una independencia digna-. Pero lamentablemente se han llevado un choque, se han encontrado con que nada de aquello que imaginaron se ha hecho real, por el simple hecho de olvidarse de que esos niños tan solo eran niños, y podían ser rápidamente educados, o influenciados por el entorno en el que se encontraban, que muchas veces no era lo deseado por la familia biológica. Y entonces la sociedad saharaui se ha encontrado menos unificada que nunca, con jóvenes ignorando todas unas tradiciones y costumbres ricas en valores e historia. Al final tanto esfuerzo para acabar perdiendo tantas mentes. Pero bueno, no todo es malo, tenemos a toda una generación de jóvenes que han estudiado en el extranjero indispuesta a olvidar y a dejar de luchar por su causa. A toda una generación en los campamentos trabajando actualmente y preparado el siguiente Congreso, con nuevas ideas e intentando buscar un camino mejor.

Existe también la idea de nuevos partidos, que desconocemos las intenciones reales de sus miembros y el resultado que puedan llegar a dar en el caso de que existan como fuerza política, pero bueno, ahí están y eso es señal de que existe gente buscando constantemente ideas nuevas o antiguas que nos ayuden a mejorar nuestra situación.

En cuanto a las soluciones para la independencia de nuestro pueblo se ponen sobre la mesa siempre dos alternativas, por un lado las armas, y es siempre el mismo discurso, tal como: “Sin las armas el mundo no nos oye y nosotros queremos lo que es nuestro aunque la vida nos cueste.”

Por otro lado la MINURSO, esperar a que las Naciones Unidas nos encuentren una solución, pero creemos que tras más de 40 años, si aún no ha podido solucionar nada, dudamos que lo hagan en un futuro. Y no sólo eso sino que empezamos a ver un claro aprovechamiento y un desperdicio de dinero detrás del nombre de un conflicto para no solucionar nada. Nos encontramos con “mini-ciudades” establecidas en las zonas liberadas, habitadas por agentes de la; minurso. Donde viven en mejores condiciones que los habitantes de esas zonas, y por si fuese poco esos agentes están ahí por si se incumple el “alto al fuego” pero me atrevo a decir que llevan todo este tiempo sin hacer gran trabajado por no decir nada, porque desde el año 91 no hemos vuelto a utilizar las armas, y aún así, cobran por aquel tan complicado trabajo.

Dadas las alternativas y el poco resultado que hemos obtenido de ellas, estamos ante un pueblo indignado, cansado, frustrado, que lo único que le sostiene es que aún se encuentra un poco esperanzado.