OPINIÓN | Gracias abuela.


El rincon de la mujer saharaui

Amnat Zora

Madrid, 03/08/2018 - (El Confidencial Saharaui). Opinión

Por Násara Amah Iahdih. 

@Sahrawifeminist

  • Jadjatu mnt mohamad moulud es mi abuela, de la que estoy y estaré inmensamente orgullosa. ¿sabéis qué me ha enseñado mi abuela? Todo.



Por Násara Amah Iahdih/ Blogguera



Una de esas veces en las que te quedas contigo misma, en un parón de esos que todos tenemos la obligación de hacer – cómo no, yo predico dicho parón- me permití el “lujazo” de regresar atrás, de regresar a esa entrañable niñez -que seguro, todos tenemos siempre presente en nuestro interior- y recordar todo lo que aprendí de mi abuela. Gracias a mi amada abuela, a veces, creo que he nacido feminista, pero no, no se nace feminista, sino más bien te haces a base de caidas. Ese monstruo de mujer, era la más fuerte que yo había conocido, ella me transmitía poderío, fortaleza y siempre se hacía notar en medio de la masa “allí está mi pedazo de abuela” me decía yo -orgullosa siempre de ella-.

Mi amada abuela siempre reivindicaba aquellas mujeres fuertes, valientes e independientes. Esas eran las mujeres que ella constantemente nos hacía como referencia. Nos contaba sus hazañas, como si de una heroína se trataba – de hecho ella para mí era todo una referencia-. No le gustaba que fuéramos sumisas o débiles, aborrecía esa actitud. Ella ponía siempre de referencia a mujeres como ella; fuertes y feroces.


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Nunca nos contó las hazañas de ningún hombre, sólo las de mujeres. Ahora lo pienso y me digo: ¡qué suerte he tenido al haberme educado esa gran mujer! Ella me enseñó lo que es el feminismo sin si quiera saber lo que es. Ella estaba muy avanzada, estaba por encima de todo intelectual emergente. Una mujer, que sólo ha conocido una sociedad absolutamente patriarcal y totalmente dominada por el hombre -que no es el caso de nuestra actual sociedad saharaui- era capaz de personificar el poderío y la emancipación de la mujer, eso, señores/as me marcó de por vida.

Desde pequeña, yo era de esas niñas que en lugar de jugar con muñecas, decidí jugar con la pelota. En lugar de jugar a las “casitas” y al “maquillaje”, jugaba a hacer “cochecitos”, mi refrente de niña era Xena. En definitiva, todo lo que la sociedad nos ha inculcado que deberían ser asuntos de niños. Todo eso, fue porque mi abuela me hizo una niña especial, porque mi abuela me decía: “niña, tu haz lo que más te gusta, tu sé feliz, pero sobre todo, sé fuerte, sé valiente”. Gracias a esa gran mujer, he aprendido desde una edad muy temprana a coger el toro por lo cuernos, ha arriesgarme, a no callarme ante las injusticias y luchar contra ellas, por mucho que me cueste. Veía a mi abuela tan valiente, tan brillante -los niños son como una esponja, lo absorben todo- que me era imposible ser de otra manera.

No me culpéis por pensar y ser algo “diferente”, por tener una mirada particular, pues, teniendo a un ser tan inmenso como era mi abuela, no podía ser menos. Me enseñó tanto esa mujer, que con tan sólo ocho añitos, yo tenía reflexiones sobre la posición de la mujer. Me parecía injusto que se me prejuzgara por ser “machorra” o por ser vista como un “bicho raro”. En definitiva, por no gustarme lo que se espera que me guste como niña que era.

Mi amada abuela me enseñó algo maravilloso y que yo, como niña “peque” que era, lo capté rápido, y eso era; el espíritu crítico. Ella siempre habla de las mujeres, de nuestra capacidad, decía que éramos un ser con una infinita inteligencia y que la historia nos ha intentado oprimir porque se nos tenía miedo.

¿Ahora entendéis? Esa mujer era de esos seres único, que pasan por tu vida una vez, y con sólo esa vez, eran capaces de marcarte de por vida, de transformarte.

Sólo le puedo decir:

Gracias mamma, gracias por haber pasado por mi vida, gracias por ser la mujer de mi vida, gracias por enseñarme tanto, gracias por haber hecho de mi un ser avanzado, gracias por haber introducido en mí eso tan importante -el espíritu crítico-, gracias por empoderarme, por dejarme caer para demostrame que como mujer puedo caerme y levantarme las veces que quiera. Gracias por contarme tantas hazañas tuyas, gracias por ser un ejemplo para mí -precisamente tú, una mujer poderosa, independiente y emancipada-. Ella era un ejemplo de feminismo, de lucha por la mujer, de poder y de emancipación.

Gracias, gracias por hacer de mí un ser más libre, amada abuela.