¿Qué pasó con Ljadra? Te lo contamos.


Madrid, 21/07/2018 - (El Confidencial Saharaui). 


Ljadra a su llegada a Madrid/EITB



De Deba, en noviembre, salió Ljadra Said, joven saharaui con nacionalidad española, para acompañar a su madre y reencontrarse con su familia en los campos de refugiados saharauis. Una vez allí la retirada de documentación por parte de los familiares y la pretensión de que se reintegrara a sus costumbres sin posibilidad de retorno inmediato no tuvieron éxito con la joven Ljadra que reclamaba poder decidir dónde y cómo vivir como así lo ha hecho cuando ha aterrizado en el aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid. Atrás quedaban el aeropuerto de Tinduf de donde salió el viernes noche y de Argel, siendo ya sábado a primera hora.

Conflictos similares entendidos y justificados como familiares por las autoridades saharauis han tenido una gran repercusión mediática en la sociedad saharaui y entre los activistas prosaharauis. Por ello, este cambio de planteamiento con la mediación del Polisario se hace imprescindible para su resolución positiva como así ha sido en esta ocasión. En estos casos, prolongar el tiempo aumenta el delito y fractura a todas la partes.

La creación de una Comisión por parte del Frente Polisario para este caso, la intervención del delegado saharaui en el País Vasco, Abdullah Aarabi, coordinada con la estatal, ha permitido que Jira Bulahi, delegada saharaui en España, aterrizase con la joven Ljadra y que libremente hiciese las declaraciones de agradecimiento general y de reconocimiento de su poder de decidir.

Sin duda, se reabren otros casos y aunque cada situación es diferente, las perspectivas del rol de la mujer saharaui tradicionalmente con poder de acción y decisión y de los campamentos de refugiados, únicos en el mundo por ser de ida y vuelta, legitiman al Frente Polisario y le instan a continuar en esta estrategia. La denuncia interpuesta en Gipuzkoa por un amigo de la joven fue el detonante y no ha sido retirada. La Delegación del Gobierno de España en el País Vasco ha puesto todos sus servicios por si son necesarios para la atención de la joven saharaui.

Los temores a la radicalización de costumbres en una población, que lleva refugiada más de cuarenta y tres años, siembra desconfianza entre amplios sectores de las organizaciones prosaharauis y el hecho del retorno de Ljadra reabre la confianza en el respeto a los derechos humanos defendidos por el gobierno saharaui y sus organizaciones de masas.