OPINIÓN | Volver a ese lugar.


Madrid, 28/07/2018 - ( El Confidencial Saharaui).

Por Benda Lehbib Lebsir.


Volver al lugar donde fuiste feliz. De donde nunca querrás irte. Donde nunca te dejarán marchar.



Licenciada en Magisterio por la uva. Profesora de árabe en la universidad popular de Palencia. Autora del blog Vivenciasdeunniñosaharaui 


Volver.

Volver después de años. De lluvias, de tormentas, de noches, de veranos. Volver y ser de nuevo la niña delgaducha con mirada misteriosa. Volver donde jamás nada volverá a ser lo mismo o puede que nada cambió demasiado. Volver y seguir siendo la misma, seguir siendo los mismos.
Volver.

Volver a tus raíces. Volver a tu pasado, si se puede llamar de ésta manera a un pequeño puñado de años acumulados sobre tu espalda.

Volver para recordar, para traer al presente el sabor del pasado. Momentos que no volverán para ti, pero que en otros se están produciendo justo de la misma forma. Porque, al final, nada cambia, todo vuelve, todo es, todo será.

Volver siempre. Una y otra vez. Un año tras otro. No olvidar. Sí recordar. Pisar donde saltaste. Andar lo caminado. Y respirar aquello que siempre será tu mundo. Sólo tuyo. De nadie mas.

Hace unas semanas escribía estas líneas para editar una imagen en un post de mi blog (Vivenciasdeunniñosaharaui) de manera casi autómata, sin pensar demasiado en cada palabra que tecleaba y sin leer cómo iba formándose el texto. Si soy sincera, así es cuando más disfruto escribiendo, cuando sale – o eso creo – lo mejor de mi, cuando tengo esa sensación de vaciarme por dentro ¿me explico?. Encontrar ese momento, que muchos llaman inspiración, en el que las letras brotan espontáneas y ligeras desde lo más profundo de uno mismo. Algo que yo prefiero llamar magia. Suena, infinitamente, mucho mejor ¡dónde va a parar!.

El caso es que, durante este verano, he vuelto a esos lugares tan mágicos, tan especiales y tan intensamente míos en los que soy capaz de abstraerme de prácticamente todo lo mundano y volar allá donde mi imaginación y mi mente deseen. Puedo hasta viajar en el tiempo…para que luego no lo quieran llamar magia, ¿verdad?

Por eso siempre vuelvo a ese desierto más inhóspito, a ese mar en calma, a ese rincón escondido que sólo algunos privilegiados conocemos, los que nos conocemos. Porque de pronto ves que, aunque pasen los años, los meses y los días, todo continúa sin apenas alterarse y que eres tú la que cambia, evoluciona, da vueltas, vive experiencias, se cae, se levanta, llora, ríe, espera y desespera…. Sólo tú, ¿te das cuenta de eso? Cambias mientras ese lugar permanece inerte, sin apenas moverse, esperando un nuevo regreso. Año tras año. Verano tras verano.

Y, de repente, todo parece ir a otro ritmo, bajo de revoluciones, reduciendo la velocidad, de forma lenta, muy lenta. Y una vez más te ves allí, mientras los tuyos siguen allí como si el tiempo no pasara por ellos. Miras las caras, los gestos, las costumbres, y sorprendentemente son las mismas que las de ayer y, probablemente, serán las de mañana. Te saludan, te llegan, te rozan y se van…Y así todos los días. Las mismas personas. La misma luz. La misma sensación de paz que respirabas hacía meses vuelves a sentirla hoy. Y así será siempre. Nada cambia, todo vuelve.

Porque, insisto, la única que cambias eres tú. Tus circunstancias. Tus vivencias… y tus experiencias. Y resulta que todo lo que necesitas es regresar a ese, a esos lugares que no cambian nunca para coger impulso, para respirar profundamente mientras cierras los ojos y te cargas de energía y buenos pensamientos, algo imprescindible para seguir adelante. Para evolucionar. Para convencer y convencerte de que todo, absolutamente todo pasará y eso que tanto ansías llegará cuando no lo esperes. Porque así ha sido siempre y no encuentras el motivo por el que ésta vez no vaya a funcionar del mismo modo.

Y vuelves de nuevo a reafirmarte en la idea de que ese es tu sitio favorito. Al que siempre sentirás la necesidad de volver cuando todo haya pasado, cuando no quede nada o cuando todo esté por hacer. Porque tú podrás moverte, crecer, aprender, tantear, experimentar, en definitiva vivir pero ese lugar siempre, siempre, te estará esperando.