Repugnante realpolitik.


Madrid, /07/2018 - ( El Confidencial Saharaui).

Por: Sergio Pascual. 



Sergio Pascual Peña es un político español de Podemos, diputado por Sevilla.



Hoy es uno de esos días en los que no soporto las nauseas ante la realpolitik.

Realpolitik es ese término acuñado por politólogos para evitar una etiqueta mucho más universal: "cinismo".

Inventada para eludir expresiones controvertidas como "el fin justifica los medios" y en definitiva para evitar asumir los costes de decisiones controvertidas, pero imprescindibles si uno quiere mantenerse fiel a sus principios.

En el mundo de los mensajes de 140 caracteres y las ideas con la caducidad de un yogurt la realpolitik triunfa. Y a mi cada día me da más nauseas.

Hoy me he levantado con la confirmación de que la UE ha firmado un nuevo acuerdo de pesca con Marruecos, a pesar de que una sentencia del TJUE (Tribunal de Justicia de la Unión Europea) denegó el 27 de febrero esa posibilidad porque las aguas territoriales del Sáhara Occidental pertenecen a la soberana República Árabe Saharahui Democrática.

La UE ha firmado un nuevo acuerdo a pesar de que condena a otro lustro de expropiación forzosa de sus recursos a decenas de miles de saharuis condenados a vivir en el desierto separados de su tierra por 7 millones de minas y 2.700km de muro.

Y el Gobierno español, realpolitik mediante, lo justifica porque justifica cualquier cosa que venga de la satrapía marroquí. "cuidado que dejarán de proteger la frontera sur" nos dicen desde Madrid mientras el Gobierno andaluz de Susana Diaz hace lobby con sus diputados en el Congreso para impedir un pronunciamiento contundente, "por los pescadores andaluces" dicen a su vez.

Repugnante realpolitik, nauseabunda realpolitik. La misma que permitió un golpe de Estado en Chile en 1973, la que justificó bombardear Camboya con más toneladas de explosivos que en toda la segunda guerra mundial o la misma realpolitik que condena a Cuba a un aislamiento criminal a pesar del abrumador voto en contra de la mayoría de la Asamblea de Naciones Unidas. No somos mejores que aquellos.

Detrás de esa realpolitik se desnuda la renuncia a los principios, la renuncia al Estado de Derecho, la renuncia a la defensa de los Derechos Humanos, la renuncia de la defensa del derecho a la libre autodeterminación de los pueblos colonizados y al propio cumplimiento de nuestras leyes.

Aquellos que toman estas decisiones son los mismos que marchan al frente de manifestaciones en las que se ondean banderas y entonan cánticos a la unidad nacional. Pero olvidan que un país se forja sobre principios, sobre una ética compartida, sobre unos valores que constituyen la argamasa del Contrato Social que edifica nuestras leyes.

No habrá nada en torno a lo que unirse que merezca la pena mientras políticos medianos sigan hipotecando lo que somos como Pueblo, malvendiendo nuestros principios y compromisos con los derechos y libertades a cambio de permisos de pesca y controles de fronteras.

España tiene una deuda con el Púeblo del Sáhara Occidental. Nos toca ser vanguardia en la defensa de sus derechos, en la consecución del referendum acordado por las partes en 1991, en la exigencia del control por parte de Naciones Unidas de la defensa de los Derechos Humanos y en el estricto cumplimiento de nuestras propias leyes y sentencias.

Es un acto de pura justicia que nos devolverá a nosotros como pueblo la dignidad que nos robó la transición franquista-borbónica al abandonar a su suerte a nuestros hermanos y hermanas saharauis.

Ya va siendo hora.