OPINIÓN | El rincón de la mujer saharaui.



 Por Nasra Amah Iahdih Said

Nasara Amalha Ihadih Said/Joven saharaui licenciada y blogguera


Madrid, 17/07/2018 - ( El Confidencial Saharaui). 


  • Las obviedades son aquellas situaciones/circunstancias por las que el cambio o la mejoría debe partir. Por ser precisamente obvias no debemos excluirlas, sino más bien tomarlas como base para llegar a nuestro propósito.

Desde que tienen lugar las sociedades sedentarias en la vida del ser humano, hay un antes y un después. En el Neolítico (piedra en latín) ya los seres humanos comienzan a relacionarse entre sí. El tiempo era más cálido, con ello proliferaban toda clase de plantas comestibles. A alguien se le ocurrió que con plantar una semilla, ésta iba a dar sus frutos y dará así, lugar a una planta. Es en este momento, cuando surge la agricultura, la domesticación de los animales y finalmente las sociedades sedentarias. Ésta última, es la clave de la existencia de un “poli” en la cabeza.

Con las sociedades sedentarias, surgen los usos sociales y las normas morales. Los primeros son una práctica social uniforme y repetitiva, mientras que, los segundos están más unidos a la conciencia individual, al perfeccionamiento personal.

A partir de este momento, los seres humanos nos encontramos ante una nueva forma de relacionarnos. Quizás sean los usos y la moral los que nos hacen seres particulares, ya que en base a ellos, hemos sido capaces de crear una organización social compleja. 

El problema de estos dos elementos es que nos han limitado la libertad, nos han creado ese “poli” que está continuamente atemorizándonos. Ese “poli” está muy arraigado en la mente de la mujer saharaui, tanto, que en muchas ocasiones moldeamos nuestro modo de vivir a él. El “poli” en la cabeza está siempre diciéndonos que tenemos que aparenta, que no podemos exteriorizar nuestras diferencias, lo que realmente pensamos, lo que deseamos, porque entonces estaríamos vulnerando ese uso social y, como tememos a ser reprobados del grupo, le hacemos caso. Esto se debe a nuestro enorme temor a la soledad, es por ello que nosotras necesitamos pertenecer a un grupo, necesitamos ser queridas, felices y creemos que integrándonos en dicho grupo social lo seremos.

La sociedad en la que vive la mujer sahraui, desde mis lentes es vista de la siguiente manera:

Es una comunidad unida por lo público y lo privado, lo sagrado y lo profano e incluso lo ético, donde todos estos elementos como es de esperar su peso recae sobre la mujer. Es la mujer la que tiene que estar demostrando su valía tanto en el ámbito público como el privado, nosotras tenemos que sacar tiempo para cuidar a nuestros hijos, atender al trabajo, al marido, a nuestro entorno (como cualquier mujer en cualquier parte del mundo). Si el hombre roza lo profano, se le justifica, si cumple con las normas sagradas se le tiene en un pedestal, pero, si es la mujer la que roza lo profano, ésta será desacreditada de por vida, ahora, si lleva al pie de la letra las normas sagradas, ésta será siempre objeto de sospecha, nunca será de fiar. El problema se agrava cuando entre nosotras nos complicamos la vida reprobándonos, produciendo así, antipatía, hilaridad etc. Por tanto, la clave para cambiar el lugar subordinado en el que se encuentra la mujer saharaui es empezar por nosotras mismas. 

Para ello primero tenemos que entendernos entre nosotras, respetar nuestras diferencias y fortalecer nuestras similitudes. Que todas buscamos la emancipación de la mujer frente al hombre y empoderarnos como féminas, no hay duda de ello, pero para que esto pueda surtir efecto, tenemos que llevarlo a la práctica, empezando por nosotras mismas y siguiendo por nuestras compañeras, siempre desde el entendimiento y el respeto.

Destruir ese “polí” que todas tenemos en la cabeza será una tarea muy difícil (que no imposible) pero suavizar sus exigencias dependerá de nuestras interrelaciones. Tener la conciencia de su existencia, nos ayudará a combatirlo, a hacerle frente.

Mi gran amigo Santo Tomás de Aquino decía que lo que realmente hace especial y diferente al ser humano del resto de los seres es que éste, es consciente de la existencia de los siguientes elementos:

La ley divina: es un precepto racional que organiza los fundamentos de la realidad.La ley natural: sigue las inclinaciones naturales del hombre, vamos, lo que vienen siendo los instintosLa ley humana: son un conjunto de leyes comunes a todos los pueblo.

Con esta perspectiva llegamos a la conclusión de que para solucionar o mejorar determinadas situaciones/circunstancias, antes tenemos que ser conscientes de su existencia. Las obviedades no debemos excluirlas sino más bien partir de ellas, es decir, cuando una cosa es obvia, quiere decir que somos conscientes de su existencia, es cuando debemos pasar a la siguiente fase que es luchar para mejorar dicha obviedad.

Actualmente sabemos, nos resulta una obviedad el hecho de que la mujer saharaui se encuentra en una posición subordinada frente al hombre, es por ello que debemos luchar para mejorar nuestra situación en el ámbito cultural, político, social y económico.