OPINIÓN | Cuando renegar de tus orígenes es el resultado del no.


Publicado por Amnat Zora

No todo es lo que parece ni los culpables lo son realmente. Todo acto, toda renegación tiene un porque y una historia detrás.

Por Nasra Amah Iahdih Said
@Sahrawifeminist

Autora |Estudiante de derecho en la universidad de Cádiz/activista saharaui y blogguera




Es especialmente en la adolescencia cuando se da este fenómeno -renegar tus orígenes- y es en este momento cuando se tiene que actuar -en concreto; padres y profesores- porque de no actuar el problema puede ser crónico y una vez llegados a esta fase en la persona se acumula un importante grado de frustración, confusión e incluso pérdida de personalidad, que esto en realidad se traduce en la pérdida de identidad.

Si hay algo que caracteriza al ser humano es la inevitable pregunta ¿quién soy? Y donde más se intensifica dicha pregunta es en la adolescencia. En prácticamente todas las fases del ser humano -porque la vida del ser humano transcurre mediante fases- esa pregunta persiste, pero donde más se acentúa y puede llegar a ser decisiva la conclusión que podamos extraer, es en la adolescencia. Es tan importante esa pregunta que nos hacemos que puede llegar a condicionar nuestro futuro, entorno y como no, nuestra personalidad.
Necesitamos responder a esta pregunta porque es la clave que nos indicará cuál es nuestra procedencia y la razón de nuestro ser.

Los que vivimos/nos criamos en lugares que no son de nuestra procedencia, los que tienen padres de distintas culturas, los que han nacido en un determinado lugar pero sus padres son de otro. Éstas personas son las que más presente tienen dicha pregunta. Son los que tienen un conflicto interno de grandes dimensiones, pues, viven en un constante choque de culturas, que, si no se les educa y se les enriquece dentro de ese choque cultural, los problemas a la hora de enfrentarse al exterior y a la sociedad en sí, serán importantes. Cuando una persona -niño, adolescente o adulto- de las características antes descritas, comienza a renegar de sus orígenes, algo no se ha hecho bien en su casa o en la escuela. Es cuando se le puede acusar a los padres o profesores de haberles fallado. Vivimos en una sociedad muchas veces cruel, donde no se tolera al distinto y donde éste último pierde su esencia, que en definitiva es lo único que posee. A partir de este momento es cuando “la personita” descubre una sociedad llena de máscaras, de prejuicios.

David Edmonds que investigó el fenómeno del racismo, decía que todos en nuestro interior, somos racistas y lo llamó “prejuicio implícito”. Es decir, incluso aquellos que sufrimos racismo por ser diferentes a la mayoría, en el fondo de nuestro ser lo somos con nosotros mismo al renegar de nuestros orígenes. Pero culpabilizarlos por renegar de sus orígenes no es lo correcto ni lo veraz, pues, quien realmente tiene gran parte de culpa de este fenómeno son los que lo rodean, aquellos que se encargan o se encargaron de su educación, que no les han introducido en sus orígenes, no les han enriquecido en la diversidad cultural, no les han normalizado ni integrado en su mundo, que puede ser el de sus orígenes o los de sus padres.

Cuando reniegas de tus orígenes, terminas perdiendo tu identidad, al perder ésta, pierdes la capacidad de controlar tus emociones y te transformas en una persona indefensa, con multitud de frustraciones e incluso rencor hacia el resto del mundo. Es cuando llegas a la fase de culpabilizar a todo tu entorno de tus problemas e inseguridades. Cuando se llega a este punto, lo más recomendable es conocer tus orígenes, adentrate en ellos. Sólo de esta forma podrás entenderte a ti mismo/a.

En este proceso -difícil- pasarás por sensaciones muy dispares, de arrepentirte de haber hecho dicho viaje a terminar agradeciendo haber hecho el viaje. Es un viaje difícil pero necesario. Porque contactar con tu cultura y con tus orígenes es maravilloso, conocer tu gente no tendrá precio. Claro que te encontrarás piedras, muros y quizás más preguntas de las que ya tenías, pero a medida que te adentras más en el proceso se irán disolviendo tus inquietudes, tus prejuicios e incluso tus miedo.

La cultura saharaui tendrá sus más y sus menos y lo mismo pasa con nuestra gente. Pero somos hermanos/as, somos uña y carne. Cuando uno/a de nosotros triunfa, triunfa el pueblo saharaui, cuando fracasa, también lo hace nuestro pueblo. No podemos huir de nuestro pueblo, todos terminaremos adentrándonos en él, no nos conviene alejarnos de nuestra cultura, de nuestra gente, de nuestra familia. Debemos abanderar nuestra cultura, defenderla contra toda adversidad, porque haciendo eso, estamos defendiendo nuestra causa. Que sea la lucha por liberación de nuestras tierras la que nos una. Fortalezcamos nuestras similitudes, entendámonos con aquellos que discrepan con nosotros/as. Atacarnos entre nosotros es perjudicar nuestra causa, querernos y apoyarnos entre nosotros/as es abanderar nuestra lucha, es fortalecerla.

Todo lo positivo de nuestra cultura debemos transmitírsela a las generaciones saharauis que se han desencantado, aquellas que huyen, las que no encuentran su lugar entre nosotros/as. Aquello que creen que es negativo explicárselos, hacerles entenderlo, darles la oportunidad de volver a integrarse en nuestra cultura. Que ningún saharaui se quede sin un rincón donde disfrutar de nuestra cultura, de nuestros más y menos. No abandonemos aquellos que reniegan de ser saharuis, no tienen culpa. Sólo que en algún momento de sus fases se han desprendido, porque no se les ha entendido, se les ha dejado de lado, abandonado.

Recibir a todo saharaui que cree que puede mejorar algún aspecto de nuestra sociedad, toda mejora es positiva, siempre que no suponga herir sensibilidades y sea una mejora integrista.

Aunque todo este fenómeno tiene un origen y es que está muy ligado a lo que Adela Cortina acuñó, que es la aprobofobia, una palabra que tiene unos términos griegos que se las traen; aprobo (pobreza) fobia (miedo). Ésta palabra le pone cara al racismo que sufrimos todas las “personitas” diferentes a la mayoría establecida y por ende muchos sufren ese conflicto inetrior sobre nuestros orígenes y la sociedad en la que conviven, así como, los cánones que dichas interrelaciones nos imponen.

Cuando hablo sobre aquellos encargados de la educación de esas personas que de una u otra forma terminan renegando de sus orígenes, incluyo a las familias de acogida -las españolas-. Quizás y sólo quizás, si éstas comprendieran las dimensiones de éste fenómeno y la complejidad que ello conlleva, no estaríamos ante problemas como el de las chicas que terminan quedándose en los campamentos con su familia biológica. Las familias de acogida que sufren esta repentina decisión, tendrían que hacer un punto de inflexión en sus vidas y pensar qué pudieron hacer mal. Probablemente su error es integrar demasiado a los niños de acogida que se quedan a vivir con ellos en la sociedad española olvidando que sus orígenes son otros y que tarde o temprano terminarán integrándose en ellos. Al excluir a un niño de sus orígenes, no le haces ningún favor, ni te lo haces a ti como padre o madre de cogida. Pues, es cuando tienen lugar estos problemas. Por tanto, para que haya paz y convivencia entre las familias de acogida y la biológica es educar al niño de tal forma que no tenga que renegar de sus orígenes, que los tenga siempre presentes, que esté completamente integrado en ambas cultura.

Quizás el origen de este problema es no haber educado al niño correctamente. Cuando un niño/a de acogida decide quedarse en los campamentos no tienen porque ser necesariamente por motivos de “retención”. Quizás es por haberlos asilado de sus orígenes. En todo caso, si es un niño el que decide quedarse a vivir en los campamentos y dejar de vivir con su familia de acogida ¿se diría que es porque su familia lo ha retenido? ¿O eso sólo es aplicable a la niña que decide quedarse? ¿por qué será? ¿es que las mujeres no estamos lo suficientemente emancipadas como para decidir qué hacer con nuestras vidas? ¿por ser mujer y tomar una decisión que no compartes tiene que ser siempre porque alguien la ha incitado o inducido? ¿a caso no tenemos suficiente capacidad para decidir sin que nadie nos influya? Muchas preguntas al aire ¿cierto? Nos adentraremos en ellas más adelante.