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Vacaciones en Paz, solidaridad y “secuestradas”.

Por: Farah Azcona. - El Confidencial Saharaui.
Twitter: @FarahCubas

El proyecto Vacaciones en Paz (VeP) es una acción solidaria de acogida de menores saharauis, durante dos meses en verano, cuando las temperaturas en los campos de refugiados de Tindouf son más altas, por parte de familias españolas, y su prórroga si los menores precisasen de atención médica más duradera.

Siempre con la autorización de los padres biológicos y con un acuerdo con los padres de acogida. Es un proyecto que ha dado excelentes resultados, los niños son recibidos con muchísimo cariño y satisfacción, tanto por la parte saharaui como por la ciudadanía española. Se lleva a cabo el proyecto con la actuación de municipios, asociaciones de amistad con el Pueblo saharaui y la valiosísima aportación de las familias de acogida.

La solidaridad es un hecho que se da entre afines, en la que una parte abraza a la otra para satisfacer carencias y ayuda a resolver conflictos, y nunca debe ser motivo de litigios.


Esto implicaría la ruptura de tal proceso y se convertiría en un proceso hasta judicial –en algunos casos se ha solicitado una Fe de vida del menor saharaui a su familia biológica por parte de la familia acogiente- , penuria emocional, y el descontento por ambas partes cuando alguna norma falla.

Se han dado varios casos en los que este principio de solidaridad ha pasado a convertirse en una cuestión personal entre familias, que incluyen adopciones que no están contempladas en el reglamento del proyecto Vacaciones en Paz y sin el consentimiento de la familia biológica aduciendo que “se trata de mayores de edad”, y en las que se ve obligado a intervenir el Gobierno Saharaui, con el consiguiente desagrado para todas las partes y una situación violenta, y muy delicada, para los organismos oficiales envueltos.

No es mi competencia comenzar a citar nombres, ni casos, de los que se ha ocupado la prensa española con bastante desacierto, quizás por el silencio de las familias biológicas, y que incluyen todo tipo de descalificaciones etno-céntricas del tipo cuestionar a la propia autoridad civil y la Constitución de la República Árabe Saharaui Democrática, que contempla en su reglamento la “libertad de las personas y el amparo frente a cualquier violación de esta”.

Considerar que algunos casos puntuales pueden dar carta de libertad para publicar cosas como:



…Que los campamentos, ante la desidia de la comunidad internacional, cada vez están radicalizando más su discurso –ya se han visto Burkas- y aquello podría convertirse en un polvorín al amparo del fundamentalismo más beligerante….” 

Artículo firmado por Paco Tomás, que me repugna por su descarada manipulación al lector, transmitiendo una falacia muy extendida por el país invasor Marruecos, con el fin de desacreditar la lucha del Sáhara por su Independencia.

Aprovechar, pues, estos casos para lanzar insidias, sobre las que no se aporta ninguna prueba me resultan indignantes, y pone a prueba la legalidad de tales afirmaciones.

Se aprovecha para lanzar mensajes clasistas de todo tipo, tal como “… hija de una parlamentaria saharaui y un camellero…” , induciendo a pensar que la parlamentaria prevarica, hace que su hija y ella misma se salten la ley, qué en mi opinión implican un desprecio al pueblo saharaui, al que se acaba por calificar de machista, “… no hay casos de hombres secuestrados…” como si la sociedad que presume de libertad por publicar insidias en la prensa estuviese exenta de los males de los que acusa a las familias saharauis, en un ejercicio vil y condenable de absurdo folletín novelesco, que incluye vidas, un Estado que resiste hace 40 años en medio de la nada, y una minoría que cree que la solidaridad pasa por apropiarse de vidas y haciendas, reeditando un pos colonialismo burgués imposible de aceptar.

Sólo me resta recordarles el nombramiento de un nuevo Gobierno saharaui que atiende asuntos de este tipo, como la de cualquier otro que surja en la vida de la Comunidad refugiada en Tindouf, así como la residente en el exterior.