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Marruecos impone el silencio en la aldea natal del imán de Ripoll.





Bab Taza (Marruecos), 23 ago (EFE).- ElConfidencialSaharaui.com | Atentados de Barcelona.

Curiosamente, la policía marroquí ha informado a la española de la detención de tres personas pero no lo han comunicado oficialmente en el país y guardan un mutismo poco habitual.

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Atentado de Barcelona/RTVE



Las autoridades marroquíes han impuesto el silencio en la aldea de Tinghaya (norte del país), lugar donde nació Abdelbaky Essaty, el imán de Ripoll que se considera mentor y líder de la célula que perpetró los atentados de Cataluña en los que murieron quince personas.

El único acceso a Tinghaya, a unos 20 kilómetros de la ciudad de Chauen, está cerrado por un puesto de la Gendarmería Marroquí que tiene "instrucciones" de no dejar pasar a los periodistas.

Hasta ahora la familia del imán -concretamente la madre y el hermano de Essaty, únicos allegados que quedan en la aldea- se ha negado a hablar con los pocos periodistas que han aparecido en el pueblo, y ya hoy las autoridades han intervenido oficialmente para imponer el silencio a los informadores que han intentado acceder a esta zona dominada por los cultivos de kif.

La prohibición de hablar se ha generalizado a toda la comarca, con Bab Taza a la cabeza, población de unos 30.000 habitantes donde nadie quiere hacer comentarios sobre la matanza.

"La gente no se acuerda mucho de Essaty por aquí, se fue de Tinghaya hace nueve años, sé que volvió últimamente", comenta a Efe desde Bab Taza un vecino de la aldea de Tinghaya, antes de callar conminado por el "moqadem" (agente local) de Bab Taza.

Se cuenta en Bab Taza que Essaty, en su último viaje, quiso arreglar un problema de terrenos y de herencia que tenía con sus hermanos, pero nadie sabe señalar al abogado que se encargó de asesorarlo.

Lo poco que se sabe con certeza del imán es que estuvo casado y tuvo seis hijas, a las que abandonó para emigrar.

Su mujer más tarde se divorció y volvió a casarse y a vivir con sus hijas en la ciudad de Tetuán, sin mantener desde entonces ningún contacto con él.

Un tío de Essaty es dueño de un taller de reparación de automóviles en Bab Taza, pero ante la llegada de los periodistas los mecánicos presentes enmudecen y se niegan a dar la menor pista sobre su patrón, ausente.

"Esta región es sensible, la gente aquí desconfía de los periodistas, temen que vengan a hablar de otras cosas", indica un habitante de la zona, al recordar un reportaje hecho por un canal francés sobre el cultivo del kif y que causó entonces gran polémica y conllevó varios arrestos.

También un representante del Ministerio de Interior en la zona insiste en la "particularidad" de esta región de Marruecos, generalmente conocida por la presencia de kif.

"La región de Chauen tiene una mentalidad, una cultura y unas condiciones geográficas especiales que la convierten en sensible", sostiene este representante, en cuya mesa aguardan, hasta el momento sin éxito, ocho peticiones de periodistas para poder acceder a la aldea natal de Essaty.

El alcalde de Bab Taza Abdelhafid Saadún, insiste también en que Essaty se fue de aquí hace tiempo y niega haberlo conocido personalmente.

"No le consideramos hijo de la zona", sostiene en conversación telefónica con Efe y, acto seguido, resalta las buenas relaciones entre España y Marruecos y expresa su pésame a los familiares de las víctimas de Barcelona y Cambrils.

Las autoridades marroquíes guardan silencio desde los atentados, pese a que los doce integrantes de la célula (ocho muertos y cuatro que fueron detenidos) son marroquíes y a que también en Marruecos ha habido arrestos de personas vinculadas a los hechos.

Curiosamente, la policía marroquí ha informado a la española de la detención de tres personas pero no lo han comunicado oficialmente en el país y guardan un mutismo poco habitual.

En los últimos dos años, las desarticulaciones de células terroristas son moneda corriente y se anuncian con bombo y platillo, pero en estos dos últimos días un manto de silencio se ha impuesto sobre los sucesos de Cataluña.