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La intensa batalla en África.


Madrid, 08/12/2016 - El Confidencial Saharaui.

Los miedos a un serio revés en el Tribunal de la Unión Europea y las consecuencias políticas, previsiblemente, desastrosas para Marruecos, de ese pronunciamiento judicial, están en la raíz del viraje marroquí hacia otras latitudes.
                                                                          Foto de la sede de la UA en Etiopía/Bandera RASD/ECS.
El discurso muy anti europeo del rey Mohamed 6, en Riad, y su discurso en la misma línea, leído, en su nombre, por su hermano, ante la Asamblea General NNUU, serían los puntos que marcan la nueva orientación de la política exterior de Marruecos, cuya brújula, siempre, es el Sáhara Occidental.

Conocedor de la fragilidad de una política exterior basada únicamente en el apoyo de las monarquías del Golfo, Marruecos, ha ido a buscar su lugar natural: África.

Y, aprovechando los trabajos de la Sesión de la Asamblea General de NNUU de 2016, el Reino de Marruecos, presentó oficialmente su solicitud de ingreso en la Unión Africana. Lo hizo en un encuentro entre la Comisaria de la Unión Africana, Nkosazana Dlamini Zuma, y el verdadero ministro de exteriores de Marruecos, Fuoad Ali El Himma.

Consciente de la posición pro saharaui de la Unión Africana, Marruecos, ha puesto toda la carne en el asador. Y aprovechándose de los hilos de Francia en África, ha tejido una red de Estados partidarios de su tesis, encabezados por Gabón y Senegal.

Y, autocolocándose en la parte de los ricos, en la dicotomía ricos/pobres, ha querido venderse, ante los países africanos, como la autopista a través de la cual fluiría, a raudales, el dinero de los ricos países árabes del Golfo. 


Para inclinar a su favor la posición de los distintos Estados miembros de la UA, el sultán de Marruecos, se ha embarcado en una carrera, no exenta de complicaciones, que lo ha llevado por siete países africanos.

Del lado marroquí, el problema fundamental para el ingreso de Marruecos en la Unión Africana, se llama: República Árabe Saharaui Democrática. Del lado de la propia Unión Africana, ese problema, tiene otro nombre: qué mapa geográfico presenta el nuevo candidato.

A priori, nadie en África, se opone al ingreso de Marruecos. Los propios saharauis, han anunciado que no se oponen a tal ingreso.

El problema radica, pues, en el propio Marruecos. Es Marruecos y su insaciable sed territorial lo que obstaculiza ese ingreso en la UA. Los africanos quieren saber si Marruecos respeta las fronteras internacionalmente reconocidas o no las respeta. Una respuesta afirmativa a esa pregunta a esa pregunta permitiría la presencia, en el seno de la UA, tanto de la República Saharaui como del Reino de Marruecos.

Sin embargo, hay serias razones de la verdadera intención de Marruecos. Los africanos, sencillamente, no se fían de las verdaderas pretensiones de Marruecos. 

Así las cosas, la próxima Cumbre de la UA, a celebrar en enero de 2017, se presenta crucial para esta cuestión.

Por su parte, a los saharauis, todavía no se les ha visto recorriendo las capitales africanas, pero no se descarta que lo hagan en las próximas semanas.

Lo que sí ha quedado claro es que el apoyo a la República Saharaui ya forma parte de la carrera por presidir la Comisión Africana. Así, uno de los candidatos mejor situados para asumir esa posición, la ministra de exteriores de Kenia, acaba de visitar a la República Saharaui. Lo mismo cabe decir del candidato chadiano, cuya intervención pro saharaui, en la reciente cumbre afro árabe, ha sido muy destacada.

  • Al margen de si reconocen a la República saharaui o no, todos los Estados miembros de la UA, reconocen la condición de Estado miembro de la República Saharaui. Es decir, dentro de la UA, la RASD, es reconocida como Estado de pleno derecho por todos los Estados africanos. Fuera de la UA, cada Estado es libre de reconocer o no a la RASD.

El cuadro siguiente
refleja, por un lado, los Estados que reconocen y mantienen relaciones diplomáticas con la República Saharaui y, por otro lado, los Estados que no reconocen o no mantienen relaciones diplomáticas oficiales con los saharauis.

De los 53 Estados miembros, las RASD, ha conseguido el reconocimiento de 37 Estados. De estos 37 Estados, hay once que han congelado sus relaciones con la República Saharaui. Estos once Estados habría que sumarlos a los 16 Estados que nunca han reconocido a la República Saharaui. En la actualidad, la República, mantiene 19 Embajadas distribuidas en África.

Así, por un lado, hay 26 Estados africanos que reconocen y mantienen relaciones oficiales. Y, por otra parte, hay 27 Estados que no reconocen o no mantienen relaciones con el Estado saharaui.

Esta división no quiere decir, en modo alguno, que exista una relación entre esos dos bloques y el futuro voto en la Cumbre de enero de 2017.

Para empezar, es altamente probable la ausencia de, al menos, uno de los Estados que aparece en el segundo bloque, el de los Estados que no reconocen a la RASD. Por otro lado, cabría calificar de dudosa la asistencia de otro Estado de ese mismo bloque.

Pero lo más importante, es que esta división de los dos bloques, no refleja, a priori, la futura posición que cado Estado va a adoptar.

Desde luego que no son los números ni, tampoco, las matemáticas, lo que va a dirimir, en última instancia, el desenlace de esta batalla. Es a todas luces evidente que el peso político en África lo tienen determinados Estados y es, también, evidente, que esos Estados son abiertamente pro saharauis.

  • En esta batalla, la RASD, cuenta con un aliado imbatible, un aliado mucho más fuerte y poderoso que Argelia, Nigeria y Sudáfrica juntos. Nos referimos a un Principio incrustado en lo más alto del acervo jurídico africano: El Principio del Respeto a las Fronteras Heredadas del Colonialismo.
En este sentido, es raro el país africano que no tiene reclamaciones territoriales en sus fronteras. Basta citar los problemas de las disputas fronterizas entre Egipto y Sudán; Mauritania y Senegal; Argelia y Marruecos; Libia y Chad; Malí y Burkina-Faso; el triángulo entre Guinea Ecuatorial, Gabón y Camerún; Etiopía y Eritrea; Sudán y Sudán del Sur. La lista abarcaría, prácticamente, a todo el continente.

Sin embargo, por alguna razón, las fronteras africanas se mantienen en una relativa calma. La razón mágica que ha mantenido esa paz en todas las costuras africanas se llama Principio de la intangibilidad de las fronteras heredadas del colonialismo. 

Aceptar como miembro a un nuevo Estado, territorialmente, goloso sería un antecedente peligrosísimo para todos los países africanos. Sentaría una base para llevar, por la fuerza de las armas, todas las reclamaciones territoriales. Y, en un continente que, a duras penas, ha conseguido apagar los fuegos de guerra que lo venían atizando, en varios de sus costados, el sentido común aconseja la cautela ante la pretensión de un Estado conocido por su voracidad territorial.