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Los refugiados olvidados: las duras condiciones de los campamentos saharauis persisten 40 años después.


Crónica de Benda Lehbib Lebsir.

Una vez me dijeron que lo urgente no deja tiempo para lo importante.


¡Cuánta razón y qué pena!, ¿no?.

Qué pena que con el poco tiempo que tenemos, lo gastemos en cosas que realmente no son importantes. Cuando ahí fuera, en el lugar que sea, ¡hay cosas que realmente necesitan un poquito de tiempo!. Aunque sea lo más mínimo.

Pero tenemos la mala costumbre de centrarnos en aquello que nos urge en el momento, sin pensar en lo que realmente hay.

Tratamos siempre de buscar excusas para dejar de lado lo verdaderamente importante, simplemente porque tenemos algo urgente, pero no por ello más importante. Y no nos damos cuenta de que las excusas caducan. Y el tiempo, también. Que no vuelve, por mucho que queramos. Y que mañana ya será tarde.

Los días son cortos, aunque nos parezcan largos, los días acaban, y el siguiente no volverá a ser igual. Ponte un segundo a pensar cada día, piensa en todo lo que tienes que hacer, en lo que realmente interesa. A veces, lo urgente puede esperar, y lo importante no. Un día “normal” esquivando los 50° grados, puede ser de los importantes, e incluso de ese club de los urgentes.

Les he visto locos, muy locos, y luego están los Saharauis. Son gente de otra pasta como quien dice. No distinguen bien entre lo urgente y lo importante, lo mezclan, y es ahí donde realmente reside la clave. Nunca se quejan, y cuando lo hacen es porque algo extraño está sucediendo, o sea, nunca.

El verano en los campamentos se resume en dos palabras: cuando sale el sol, y cuando cae el sol.

Hacen una vida totalmente casera, y aún así hay quien se atreve a madrugar, lo que para ellos sería las 7 de la mañana. A esas horas ya están haciendo malabares para que no le dé el sol. Les conozco con nombres y apellidos. Doy fé.

Intentan en la medida de lo posible llevar una vida cotidiana, y en ocasiones es misión casi imposible.
Les he visto ayer mismo a las 2 de la tarde moviéndose por Rabuni a pie, cuando a esas horas del mediodía ni el motor de un coche podría arrancar.

Pegaba un sol de justicia, y allí estaban ellos, yendo y viniendo, dirìase más bien sobreviviendo.

Las diferencias entre las familias saharauis son casi imperceptibles, reparten entre sí lo poco o lo mucho que tienen, y es entonces cuando lo urgente se vuelve su aliado y el calor pasa a segundo plano.

Les he visto locos, muy locos, y luego están los Saharauis. Que bajo los 50° grados intentan llevar una vida normal, con escasez de recursos, aquí no hay piscina, ni tampoco playa. Los ancianos y los niños que son quienes más sufren el calor ni saben lo que es. Pero ellos se empeñan en seguir, en plantarle cara al calor y no desistir.

Sólo hace falta saber qué es lo importante, y qué es lo urgente, para medianamente entender su locura.