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La vida diaria en los campamentos: viven una de las olas de calor más largas de los últimos 20 años.


Bojador, 20/07/16, El Confidencial Saharaui.

Campamentos de refugiados saharauis 

Crónica de Benda Lehbib Lebsir.


  • Cuando crees que lo has vivido todo, te vuelven a dar una lección de supervivencia. 
  • La situación en los campamentos de refugiados saharauis.
Lo que puede ser un día de verano normal en los campamentos es una verdadera odisea. 

Su rutina es sencilla y a la par compleja, desde la primera hora intentan esquivar las altas temperaturas como pueden, haciendo cualquier tipo de actividades que les suponga mucho movimiento como puede ser cocinar, sacar al sol las placas solares para con ello asegurarse la luz de por la noche y sobre todo y quizás la misión casi imposible se reduce directamente al mantenerse a la sombra.

Cuando digo primera hora me refiero a las siete de la mañana, cuando ya la temperatura puede alcanzar fácilmente los 35 grados, intentan juntarse toda la familia en la medida de lo posible para tomar el primer té del día y desayunar, cosa que en muchas ocasiones no llega a superar un poco de pan, acompañado de aceite y mermelada y una sopa típica entre los saharauis (ncha). 

La comida es algo sencillo, poca veces varía; guisos, legumbres o cus cus estos suelen ser la cabeza de su dieta alimenticia.

Su día día nunca será titular de ninguna prensa, intentan mantener las “Pitakas” de 20 litros de agua siempre a la sombra para asegurarse que estuviera fresca durante el resto del día. 

Comen y rápidamente intentar dormir la siesta. El silencio que se produce en la jaima a esas horas es apreciable, incluso sólo los más valientes se atreven a ir de jaima en jaima.

El calor a veces interrumpe la actividad, y rápidamente sacan una esterilla, unas mantas y otra vez intentan reunir a la familia alrededor del té, mientras ven caer el sol. 



La noche veraniega de los campamentos es quizás el momento clave del día, las temperaturas han descendido, y observar las estrellas desde el patio de casa mientras el silencio vuelve a reinar otra vez, es quizás la muestra más palpable de una desconocida rutina diaria.