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La mujer saharaui, la política y la Historia.


Ayer se dieron a conocer el nuevo gobierno Consejo Político del Frente Polisario, el nuevo Gobierno y los nombres de los gobernadores/as de las diferentes Wilayas, administraciones provinciales.
Yo misma, y mucha más gente preguntamos ¿No hay mujeres? Rápida y amablemente nos fueron informando de que sí, hay varias mujeres Ministras en el Gobierno, y también varias Gobernadoras y representantes en países más influyentes como España y Bélgica.
No faltó el comentario del resentimiento, “no hay mujeres porque son unos machistas”, que, por lo que leí, fue el único hombre que me respondió, según mi opinión desde algún resentimiento personal.
La mujer saharaui ha dado varios saltos en al menos tres paradigmas sociales, que yo conozca. Uno fue el de antes de la conquista española y del territorio, que históricamente abarcaba desde Tindouf, actualmente Argelia, hasta el Tiris, actual Mauritania y el Sahara Occidental.
Esta era la zona que las tribus nómadas atravesaban en tiempos muy pasados, en pos de agua, pastos o lluvias para la agricultura.
Pasar de este paradigma social, tribal, establecido según reglas ancestrales, a la llegada de los europeos, a otro, en el que fueron obligados, por las circunstancias o en la búsqueda de un sueño de sedentarización muy anhelado, fue un choque importante para el pueblo saharaui que conoció el desprecio con que fueron tratados por los extranjeros en su propia tierra.
Las mujeres saharauis pasaron de ocupar un puesto central, y hasta imprescindible en el orden tribal nómada, a un papel secundario, impuesto por la cultura europea.
Más tarde con la invasión y la obligada huída hacia los Campos de Refugiados, las mujeres vuelven a tomar el lugar central que habían ocupado de siempre en su cultura, como médicos, enfermeras, periodistas o incluso integrando el Ejército del Frente Polisario. Muchas Secretarías Políticas integraron mujeres y fue creado el Consejo de Mujeres Saharauis.
El Frente Polisario tiene su origen político en el socialismo democrático, y este a su vez debe estar acostado en la tradición tribal y la religión musulmana. Observando en un plano general la política del Mundo árabe, esta asociación es muy frecuente, e incluye a la mujer en la vida social, política y religiosa.
Muchas veces se “exige” al Pueblo saharaui que reaccione como un Estado formal, cuando su realidad de pueblo exiliado a la Hamada argelina, les obliga a responder con los recursos de que disponen, escasos y en su mayoría debidos a la solidaridad internacional.
Esta “exigencia” alcanza puntos de conflicto abierto, cuando se nombra a las “mujeres saharauis”. Muchas son las voces que desde Occidente, incluida la mía en ciertas ocasiones, preguntan ¿Qué opinan ellas? ¿Hay Ministras? Y las mujeres, y hombres, del Sáhara responden con amabilidad, aclarando porque a ellas no les atrae la participación en la Política o los puestos de responsabilidad. Imagino que a muchos hombres saharauis tampoco les interesa seguir esta senda de responsabilidad política, de responder con habilidad ante la exigencia de una sociedad en guerra desde 1975, con muchísimos y variados conflictos sociales, y necesidades urgentes.
Se alzan voces que calumnian al decir: “se ven Burkas en Tindouf”, la sociedad saharaui se ha “radicalizado” queriendo sembrar la sospecha de que se han transformado en integrantes del Yihadismo, en una estrategia mediática esgrimida por el invasor  marroquí de  su tierra y sus defensores europeos y norteamericanos.
Desde Europa les pedimos a las mujeres saharauis que actúen como ni siquiera nosotras aquí podemos actuar.
Se enfrentan las madres saharauis al dilema de enviar a sus hijas a Europa, por cuestiones de salud o simplemente por obtener unos estudios, y que estas no quieran más tarde regresar a los Campos de Refugiados, en los que hay hasta 50ºC de temperatura en verano  y todas las deficiencias de no vivir en una ciudad, pueblo o país en paz. Y aún así siguen en pie, cantan, gobiernan Comunidades, ejercen sus profesiones, son Embajadoras y vuelven a ocupar el centro de la sociedad.
Por FARAH AZCONA.