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Terrorismo:la guerra secreta contra el ISIS en que consiste?.

Precisamente otra de las acciones subterráneas ejecutadas fue conseguir una relación privilegiada con el servicio secreto de Mohamed VI.

26|12|2015 Fuente:tiempodehoy


Todos los especialistas coinciden en el diagnóstico: para acabar con el Estado Islámico o el terrorismo en general es imprescindible que los militares les hagan la guerra. 
Por el contrario, la presencia de policías y militares en las calles de las ciudades europeas muestran que esos países han cometido el grave error de que sus servicios secretos de inteligencia e información no han hecho bien su trabajo, que es evitar la preparación de atentados. 
Fuentes de la inteligencia española (Policía y Centro Nacional de Inteligencia) han corroborado estos días que en Bélgica se ha producido una situación caótica frente a los terroristas porque este país no ha afrontado la lucha desde una perspectiva seria y adecuada, al contrario que España. Los atentados del 11-M obligaron a los servicios de inteligencia españoles a volcarse para evitar otra situación similar. Se trataba de poner en marcha una guerra secreta que les permitiera tener bajo control a todos los sospechosos de radicalismo (ciudadanos de origen marroquí) para poder anularlos antes de que cometieran atentados.

Captadores de fuentes.
El CNI contrató en los años posteriores a más de mil agentes de arigen marroquí para hacer frente a la amenaza  yihadista en Europa llevada acabo por los servicios secretos de Mohamed VI. Dado que no se podía obtener información de Al Qaeda entonces (y después del Estado Islámico) de la misma forma que se hacía con ETA utilizando infiltrados, debido a las características de los marroquíes, se optó por primar la contratación de lo que llamaron captadores de fuentes. Son agentes cuya misión es acercarse a personas que viven en el mundo radical y captarlas como colaboradores. Se les ofrece dinero o algún tipo de ayuda para conseguir la nacionalidad. Estas personas son los ojos del CNI y también de la Policía en estos grupos sospechosos de poder radicalizarse e intentar llevar adelante la yihad.
Paralelamente, el CNI montó un nuevo despliegue de bases por toda España, para que cualquier localidad con presencia de ciudadanos de origen marroquí dispusiera de agentes para obtener información. Ciudades como Murcia recibieron espías, aunque la mayor potenciación se produjo en Barcelona, donde el CNI decidió montar una división, lo que coincidió con un mayor despliegue de la CIA estadounidense y el Mossad israelí, servicios con los que se comparte información. Las bases de Ceuta y Melilla también fueron muy potenciadas dada su cercanía a Marruecos y al hecho de la continua emigración ilegal.
Precisamente otra de las acciones subterráneas ejecutadas fue conseguir una relación privilegiada con el servicio secreto de Mohamed VI, que dedica muchos medios y agentes a controlar a los integristas. De ese país procede una de las grandes amenazas, como quedó patente en los atentados del 11-M. El CNI se esforzó hasta conseguir la plena colaboración con los marroquíes, lo que incluyó evitar que las complicadas relaciones bilaterales pudieran poner barreras al intercambio de información. Esa colaboración incluyó una mayor permisividad a los agentes alauitas para que actuaran en España ayudando a la lucha contra este terrorismo. Esta relación se vio beneficiada por el hecho de la ruptura de relaciones entre el espionaje francés y el marroquí por el intento de los jueces franceses de detener al director del espionaje de Mohamed VI durante una visita a París.