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A Hassana Aalia no le llega el asilo.

En el Sáhara Occidental, uno se da cuenta rápido de que vive en un país ocupado. De niño empiezas a preguntar por qué no puedes ver a tus abuelos. Ni a tus primos. Por qué los profesores, si es que se les puede llamar, nos dicen "saharauis sucios". Luego empiezas oír hablar de campos de refugiados, del "muro de la vergüenza". 

28-12-2015 - EL CONFIDENCIAL SAHARAUI.

Uno va creciendo y tiene preguntas, preguntas, preguntas. Y las respuestas, siempre veladas. Y sigues escuchando: detenciones, torturas, desapariciones. Así recuerda Hassana Aalia su infancia en El Aaiún, la capital del Sáhara Occidental. En 2005, empezó la intifada pacífica saharaui en los territorios ocupados, miles de saharauis empezaron a manifestarse reivindicando su derecho a la autodeterminación. Hassana en ese momento tenía 17 años y fue entonces cuando entendió que él y su familia formaban parte de todo un pueblo que lleva treinta años viviendo oprimido bajo la ocupación de un régimen despiadado. 


En ese momento vió, por primera vez, la bandera saharaui, que el régimen marroquí prohíbe exhibir, incluso dibujar. Así empezó su activismo. Y con él las detenciones y las torturas que sufrió. Pero la represión de las autoridades solo alimentaba su lucha por la independencia y la libertad. Hassana sabía que no estaba solo y esto le hacía más fuerte. Cada vez había más saharauis alzando sus voces en los territorios ocupados. La protesta dió lugar a la organización. Los saharauis levantaron una decena de jaimas , pero cada día se unían más y más hasta llegar a 8.000. Levantaron Gdeim Izik, "el campamento de la dignidad", donde vivían según las costumbres saharauis, compartían sus platos típicos, escuchaban a Mariem Hassan y bebían su té, de tres en tres, como sigue su tradición. Por primera vez desde la ocupación en 1975, "los saharauis pudieron vivir libremente entre los saharauis", recuerda Hassana. 

Cada vez había más saharauis alzando sus voces en los territorios ocupados. La protesta dió lugar a la organización. Los saharauis levantaron una decena de jaimas y cada día se unían más y más hasta llegar a 8.000. Levantaron Gdeim Izik, "el campamento de la dignidad", donde vivían según las costumbres saharauis, compartían sus platos típicos, escuchaban a Mariem Hassan y bebían su té, de tres en tres, como sigue su tradición. Por primera vez desde la ocupación en 1975, "los saharauis pudieron vivir libremente entre los saharauis", recuerda Hassana. 



Era Octubre de 2010. Gdeim Izik fue importante para los saharauis pero también para otros pueblos, dice el activista, que tomaron esta idea para organizarse y reivindicar sus derechos sociales y políticos. Gdeim Izik presume de ser la semilla de las protestas que derrocaron a dictadores y llenaron plazas, desde Tahrir a la Puerta del Sol. El sueño saharaui en los territorios ocupados duró 28 días. El tiempo que tardó el régimen marroquí en movilizar a ejército, gendarmes, policía y todo tipo de armamento pesado proporcionado por España para desmantelar el campamento. Después del ataque, vino lo peor, 19 muertos, 725 heridos, 159 desaparecidos y más de 250 detenidos. Todavía hoy, 24 activistas saharauis cumplen cadena perpetua en cárceles marroquíes acusados de participar en las protestas y enfrentamientos contra la autoridad, así como presos políticos saharauis. Que sufren día a día la discriminación y el trato degradante de los gendarmes marroquíes.


Hassana también fue acusado. Estuvo escondido varios meses hasta que la desesperación y la impotencia le hicieron salir, fue a ver a su madre. Y en seguida, fue arrestado y condenado a cuatro meses de cárcel. Tras su salida, viajó al País Vasco y, estando allí, un tribunal militar marroquí ordenó su busca y captura. El juicio militar se realizó en rebeldía y Hassana fue condenado a cadena perpetua. 

Organizaciones en defensa de los derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch denunciaron que el juicio era una farsa. Hassana sabía que volver al Sáhara Occidental podría costarle la vida y decidió pedir asilo en España


El proceso duró tres años, hasta que en Enero de 2015 el Ministerio de Interior le denegó el asilo, reconociendo indirectamente la jurisprudencia del tribunal militar. Inmediatamente el abogado de Hassana presentó un recurso que todavía no se ha resuelto.

Ha pasado un año desde que el activista saharaui vive "atrapado" en España. En una especie de cárcel sin rejas. Sin poder trabajar legalmente, ni estudiar, ni viajar. Pero no se dará por vencido. Hassana no confía en el nuevo gobierno que se pueda configurar tras las elecciones del 20D, "todos los partidos políticos españoles han vendido a los saharauis", recuerda. Si la Audiencia Nacional le deniega el asilo tiene claro que irá hasta el final, hasta el Supremo y el Tribunal Europeo si es necesario. Se juega su vida.

     Vía: CadenaSer