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LA CEDEAO, O EL DIFÍCIL CAMINO DE LA INTEGRACIÓN

La Comunidad Económica de Estados de África Occidental, conocido por sus siglas en francés como CEDEAO o ECOWAS en inglés, es una organización regional que aglutina a un total de quince países. Sus orígenes se encuentran en el Tratado de Lagos, firmado por los países fundadores el 28 de mayo de 1975, es decir, que en el año presente el grupo cumple 40 años. Actualmente está compuesto por Malí, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Ghana, Togo, Benín, Costa de Marfil, Liberia, Sierra Leona, Guinea-Conakry, Guinea Bissau, Gambia, Senegal y Cabo Verde. Mauritania formó parte de la CEDEAO desde su fundación hasta el año 2000, cuando anunció su intención de abandonar la comunidad económica.
La CEDEAO nació con un doble objetivo: uno económico, basado en la idea de promover la cooperación y la integración para crear una unión económica y monetaria que impulsara el crecimiento económico y el desarrollo en África Occidental; y otro militar, ya que la comunidad se ha convertido en un actor importante en las misiones de paz de toda la región. Sin embargo, estos dos objetivos se han convertido también en los principales retos de la organización y los acontecimientos de los últimos años marcan la dirección que la Comunidad Económica de Estados de África Occidental está tomando.
Un poco de historia
Aunque para hablar de los orígenes de esta organización tengamos que viajar hasta 1975, lo cierto es que hubo diversos intentos unificadores antes del Tratado de Lagos y que forman los antecedentes de la fundación de la CEDEAO/ECOWAS.
Uno de los primeros en considerar el potencial de un África Occidental unido fue el presidente de Liberia. William Tubman, considerado el padre de la Liberia moderna, fue consciente de las ventajas que podría aportar la creación de una comunidad económica en África Occidental entre sus vecinos, siempre y cuando tuvieran la capacidad de dejar a un lado sus disputas particulares y encarar una empresa común. Así, la idea de Tubman se materializó en un acuerdo firmado en febrero de 1965 por Costa de Marfil, Guinea, Liberia y Sierra Leona. Sin embargo, este tratado se convirtió más en una formalidad que en un llamamiento real para la construcción de una unión económica.
Tras el fracaso de Tubman, dos generales van a tomar el relevo con el fin de aunar a todas las naciones de África Occidental. El primero de ellos fue el general Gowon, que tomó el poder por la fuerza en Nigeria en 1966 y que hizo frente a la secesión de Biafra durante su mandato; el segundo era el general Eyadéma, quien alcanzó el poder en Togo un año más tarde. Entre 1973 y 1975 ambos líderes van a viajar por los estados de la región con el fin de convencer a sus vecinos de la necesidad de unirse bajo las mismas siglas. Las reuniones de jefes de estado se fueron sucediendo en Lomé (Togo), Accra (Ghana) y finalmente en Monrovia (Liberia), para finalmente firmar el Tratado de Lagos en 1975.
En virtud de este tratado Malí, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Ghana, Togo, Benín, Costa de Marfil, Liberia, Sierra Leona, Guinea-Conakry, Guinea Bissau, Gambia, Senegal y Mauritania se comprometían a poner los cimientos para la construcción de la CEDEAO. Cabo Verde entraría a formar parte de la comunidad en 1977, dos años después su independencia, con algunas dudas entre la construcción nacional propia y la integración en el bloque económico.
El reto económico
El reto, o mejor dicho, los retos económicos de la CEDEAO son de lo más variado. Según la página oficial del ECOWAS, “su misión es promover la integración económica en todos los campos, particularmente en la industria, el transporte, las telecomunicaciones, la energía, la agricultura, los recursos naturales, el comercio y por supuesto las cuestiones relativas a una moneda común y la financiación, así como asuntos sociales y culturales”.
Ante toda esta vorágine de propuestas, los países fundadores de la Comunidad se pusieron de acuerdo en la necesidad de tener unos “objetivos prioritarios” para la unión. Estas prioridades recayeron en la libre circulación de personas, capitales y mercancías así como en la necesidad de unir sus mercados bajo una moneda común.
La libre circulación se ha convertido en el principal proyecto de la CEDEAO, ya que un espacio común contribuiría no sólo a mejorar la economía, sino que además contribuiría a la paz y a la seguridad. Además, las migraciones entre los países del occidente africano son una realidad y, de hecho, según afirman algunos expertos, podría convertirse en una oportunidad para la economía de la región. Facilitar el libre movimiento de personas es una necesidad para el desarrollo económico de los países que se encuentran en una situación de crecimiento.
Además, como ya indicara el presidente de la CEDEAO en 2014, Kadre Desire Ouedraogo, la construcción real de un espacio común que incluya la libre circulación es “el principal paso en cualquier proceso de integración regional”. Asimismo, el propio presidente propuso el año 2020 como fecha límite para la implantación de este mercado común sobre la base de la aparición de una CEDEAO real y de los ciudadanos; una fecha que muchos han considerado demasiado cercana para la implantación de este proyecto pero que no niegan sus beneficios. Se ha llegado a calcular que la apertura de este espacio común elevaría el comercio regional en unos 15.000 millones de dólares anuales, lo que supone un 12% de las transacciones que se producen en los mercados de esta zona.
El camino hacia la unión y la libertad de movimiento se inició con la firma del Protocolo sobre el Libre Movimiento de Personas de 1979. Uno de los logros de la CEDEAO en este campo fue la eliminación de los visados de entrada en todos los estados miembros y la creación de un pasaporte común para trece de los quince países de la unión, a excepción de Gambia y Cabo Verde. Si bien el objetivo final de crear un mercado común con esas libertades de movimiento queda aún muy lejos, ya que las medidas que se han ido tomando en los últimos años en relación a este asunto han funcionado más como un parche para sostener lo construido que una vía para que finalmente este proyecto se lleve a cabo.
¿Una moneda común?
Una vez constituida la zona común y delimitados los acuerdos que permitían crear un espacio con libertad de movimientos, el siguiente paso en los planes de la CEDEAO sería la introducción de una moneda común.
El proyecto lanzado para introducir esta moneda, que recibiría el nombre de Eco, se ha ido posponiendo en diversas ocasiones. El plan original era la introducción de la moneda común para el año 2000, pero los problemas económicos regionales fueron complicando la situación de tal modo que se fue aplazando en 2005, 2010 y 2014. Los estragos de la gran recesión condenaron la inserción de la moneda común hasta 2020. Sin embargo, todo país que quiera adoptar el Eco debe cumplir con una serie de requisitos fiscales y económicos, algo que de momento el único país del bloque que lo ha logrado es Ghana.
Sin embargo a estos problemas hay que sumar uno más. En África Occidental ya existe una moneda común en ocho de los quince países que forman la CEDEAO. Así, Senegal, Guinea Bissau, Malí, Níger, Burkina Faso, Costa de Marfil, Togo y Benín comparten una moneda única conocida como Franco CFA. Este cambio rige el sistema financiero de las antiguas colonias francesas y de Guinea Bissau, antigua colonia portuguesa, desde 1945, año en que Francia firmó los acuerdos de Bretton Woods. A pesar de las independencias, las naciones francófonas del África occidental (menos Guinea-Conakry) decidieron mantener esta moneda común que hoy día sigue utilizándose.
Por tanto, el proyecto de fundar una moneda común es harto complicado, aunque no imposible. En los planes de la CEDEAO se ha establecido que para 2020, los países que no tienen el Franco CFA, es decir, Nigeria, Ghana, Sierra Leona, Liberia, Guinea-Conakry y Gambia, adopten el uso del Eco. Posteriormente, ambas monedas deberán unirse en una sola, si bien no podemos olvidar los peligros que acarrea la unión de dos monedas diferentes en una sola, sobre todo cuando se trata de dos bloques de países de dimensiones tan grandes.
Mauritania, un vecino incómodo
Mauritania fue el decimosexto miembro de la CEDEAO hasta el año 2000, cuando decidió abandonar la organización declarando su intención de mantener mayores relaciones con la Liga Árabe y sobre todo con la Unión del Magreb Árabe al no considerarse un estado negro-africano totalmente.
Esto supuso un duro golpe para la CEDEAO, que perdía un miembro de su comunidad, y especialmente para Mali y Senegal, con quien mantenía unas relaciones comerciales muy importantes. Sin embargo, Mauritania ha mostrado de nuevo interés por la CEDEAO o al menos por recuperar cierta relación y promover una mayor apertura comercial. Se ha llegado incluso a especular con la idea de que Mauritania acabará volviendo a formar parte de la comunidad del África Occidental. Sin embargo, parece poco probable que Nuakchot se reincorpore a la CEDEAO o que incluso sus países vecinos le acepten. Más bien hay un interés común en seguir manteniendo unas relaciones comerciales que será para ambas partes beneficioso, aunque no del todo deseable. Esta actitud de Mauritania le ha convertido en un vecino incómodo con el que los demás no tienen más remedio que convivir.
Los desafíos para la Paz y la Seguridad
La CEDEAO se ha convertido también en un actor esencial para la seguridad y la construcción de paz en la zona. A pesar de las rivalidades internas que existieron entre diversos países, se firmaron una serie de pactos de no agresión y de defensa común en 1978, 1981 y 1990 con el fin de fortalecer las relaciones internas. De hecho, la CEDEAO, a pesar de ser una unión económica, cuenta con unas fuerzas militares en la que cada país miembro aporta un número indeterminado de soldados en función de sus dimensiones económica y poblacional.
Estas fuerzas armadas aliadas se crearon a raíz del protocolo firmado en Freetown (Sierra Leona) en 1981, en virtud del cual se reafirmaba la defensa mutua como un eje de la alianza surgida en el África Occidental. Desde entonces la CEDEAO ha tenido que hacer frente a diversos conflictos que han surgido en su seno muchas veces con el apoyo de otras organizaciones internacionales como la propia Unión Africana (UA) o la ONU.
La comunidad entendió desde un principio que el desarrollo económico y social de la región sólo podía producirse en un ambiente de paz y seguridad. Por ello la CEDEAO inició su despliegue con misiones de observación en las guerras civiles de Liberia (1989) y Sierra Leona (1991). Sin embargo, pronto se demostró que estas misiones fueron del todo ineficaces y resaltaron la necesidad de reforzar los mecanismos que permitirían estabilizar el África Occidental.
Así no tardaron en surgir los llamados Grupos de Monitorización de la Cesación del Fuego o ECOMOG por sus siglas en inglés. Estos son estructuras nacionales compuestas por reservas militares y civiles listas para desplegar en cualquier situación de observación, restauración o construcción de paz con mayor rapidez. Las fuerzas armadas aliadas podrán actuar en cualquier de estos casos: agresión a un Estado miembro o amenaza exterior; conflicto entre dos o más Estados miembros; conflictos internos que supongan una amenaza a la paz y la seguridad regional; violaciones graves de los derechos humanos y derrocamiento de un gobierno democráticamente elegido.
A pesar de todos estos esfuerzos algunos de los países componentes de la unión han sufrido diversos conflictos internos. Tal es el caso de Costa de Marfil, que sufrió una guerra civil en el periodo 2002-2007 y un segundo brote de violencia en el bienio 2010-2011. Otro caso singular es el de Guinea Bissau, que ha sufrido diversos golpes de estado, uno en 1999 y un segundo en 2012, lo que produjo la intervención inmediata de la CEDEAO.
Sin embargo un caso excepcional es el de Malí, que sufrió en 2012 una partición de su territorio en dos y la amenaza de una guerra altamente peligrosa. Malí se convirtió así, por sus dimensiones y su situación geopolítica, en un quebradero de cabeza para la CEDEAO.
Este es el segundo país más grande de la comunidad, después de Níger, y se encuentra en el centro de África Occidental. La momentánea división del país a manos de los yihadistas entre 2012-2013 que se hicieron con el control de la zona norte, conocido como Azawad, pusieron en alerta a todos los vecinos africanos, así como a la Unión Europea, que veían cómo Malí podía convertirse en el “Afganistán africano”.
La CEDEAO no tardó en poner en marcha sus mecanismos de defensa, ya que el país estaba sufriendo una serie de conflictos internos que suponían una clara amenaza para la paz y la seguridad no sólo de Malí, sino de toda la región. El primero en mover ficha fue el entonces presidente de Nigeria, Goodluck Jonathan, que quería evitar a toda costa la formación de un califato islamista en África.