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El secreto de Bilderberg

Es relevante que este año no acuda al Bilderberg el PP y sí Pedro Sánchez: significa que la gente influyente de la “gobernanza global” ya ha hecho sus apuestas.


Cuenta nuestro periódico que en el PP andan consternados porque el Club Bilderberg no les ha invitado a su reunión de este año. En asambleas precedentes, el Bilderberg, reputado como uno de los foros más influyentes del nuevo orden del mundo, siempre había invitado a alguien del PP. Esta vez, no. Esta vez, el PSOE y el grupo mediático Prisa copan la representación española. Como en anteriores convocatorias.
¿Qué representa el Club Bilderberg? Hace muchos años –más de un siglo- Max Weber explicó que el poder en el mundo moderno iba configurándose bajo la forma de “constelación de intereses”. Perdidas las viejas legitimidades religiosas o dinásticas, el dinero se convierte en “sangre de las naciones”, como decía Napoleón. Esa sangre se transfunde según sus propias reglas y con frecuencia traza hermandades secretas. ¿Secretas? En realidad, no tanto. No hay secreto alguno, en efecto, en la conformación de una nueva estructura transnacional de poder asentada en la globalización del dinero.
El proyecto de una humanidad unificada bajo el matrimonio del comercio y la democracia burguesa se remonta al siglo XVIII. La idea de un mundo unido bajo la batuta de los Estados Unidos es previa a la segunda guerra mundial: Roosevelt la llamó “One World”. Los acuerdos de Bretton Woods de 1944 planificaron exactamente bajo esa perspectiva la construcción del mundo de posguerra. Jünger hablará enseguida de “Estado Mundial”. Eso es lo que hemos visto construirse aceleradamente tras el final de la guerra fría en 1989. Los acuerdos de Basilea, que hermanan a los intereses bancarios y estatales –y supeditan a los segundos al interés de los primeros- se inauguraron en 1988 y han conocido renovaciones sustantivas en 2010 y 2014. Es el mismo periodo en el que la ONU empezó a convertirse en apóstol de la “gobernanza global” con criterios ideológicos marcadamente laicistas. El mismo periodo, también, en que el proyecto de Unión Europea se metamorfoseaba en Maastricht y la OTAN abandonaba la “defensa de Occidente” para transformarse en gendarme mundial.
Los viejos estados nacionales, incapaces de resistir por sí solos a la colusión masiva del dinero y la industria de guerra, han optado por someterse a la corriente. En el caso de España, nos hemos subordinado a los dictados económicos de Bruselas y a la estrategia bélica de Washington. En eso han coincidido el PSOE –el primero en hacerlo- y el PP –quizás el más entusiasta-. No hay siniestras manos ocultas ni lóbregos sanedrines subterráneos. Todo esto lo hemos visto pasar ante nuestros ojos con fechas, datos, nombres y apellidos. ¿Dónde está el secreto?
El Club Bilderberg no es más –ni menos- que un foro donde los protagonistas de este nuevo orden del mundo ponen en común ideas y proyectos. Es relevante que esta vez no vaya el PP y sí Pedro Sánchez: significa que la gente influyente de la “gobernanza global” ya ha hecho sus apuestas. El PP ya ha hecho su trabajo: solventar la atroz crisis en la que nos metió Zapatero sin apartarse de esa nueva ortodoxia que mezcla capitalismo económico y progresismo social. Amortizado el PP, ahora se abre el campo a nuevos agentes. Sólo dos horizontes quedan vetados en el nuevo orden: la nación y la religión. Pero esto tampoco es ningún secreto.